Rankings universitarios: ¿Solo cuestión de recursos?

El Ministerio de Educación ha publicado una guía para que las universidades españolas mejoren su presencia en los rankings internacionales. Pero antes de ver la luz, el informe ya estaba envuelto en la polémica que rodea todo lo que tiene que ver con este tipo de clasificaciones.

Los rankings son un clásico en el mundo anglosajón. Impulsados por las propias universidades, medios de comunicación y empresas de consultoría, en los últimos años se han prodigado numerosos estudios en los que el objetivo final es determinar, con metodologías bibliométricas, la calidad de los mejores centros universitarios en todo el mundo.

Se trata de un proceso muy complejo, que no tiene en cuenta las características específicas de cada sistema universitario, y en el que los parámetros que se analizan cambian en función de los criterios de quienes elaboran estos estudios.

Uno de los más conocidos es el Ranking de Shangai, que lleva a cabo la Universidad Jiao Tong, y en el que las publicaciones científicas del personal docente e investigador aportan el 60% de la valoración final, unidas a la presencia de universitarios laureados con el Nobel o la Medalla Field.

También ha ganado peso en los últimos años el THE, la clasificación que impulsa el diario británico The Times, en el que el peso de las publicaciones y las citas se reduce al 30%, entrando en juego otros parámetros como la empleabilidad de los egresados y el grado de internacionalización de cada centro.

Para completar el pódium hay que tener en cuenta el trabajo de Quacquarelli Symonds, una empresa británica con sedes en seis países que desarrolla su propio ranking, denominado QS, midiendo aspectos más complejos de cuantificar, como la reputación académica y la opinión de los empleadores.

Universidad de Corvinus, en Budapest

Universidad de Corvinus, en Budapest (Imagen de Carlos Pérez Ferreira)

¿Les interesa a las universidades españolas aparecer en este tipo de clasificaciones?

Desde luego. En el panorama globalizado de la enseñanza superior y la investigación, y frente a la poca tradición de las propias universidades por dar a conocer su actividad organizada respecto a parámetros medibles y comparables entre sí, aparecer en los rankings aporta un valor intangible a la marca que las hace aparecer como distintas y mejores.

Además, multiplica la visibilidad de su oferta formativa de cara a la captación de alumnos (sobre todo a nivel internacional).

Contribuye a conocer y valorar la actividad científica de sus miembros.

Y favorece la identificación de la organización y sus miembros como interlocutores de relevancia en la prestación de servicios de valor añadido (de investigación, pero también en actividades de mediación, peritaje y consultoría).

Universidad de Vigo

Universidad de Vigo

Las universidades españolas aparecen poco en este tipo de clasificaciones: Doce entre las 500 mejores del Ranking de Shangai. Siete sobre 400 en el THE y solo 14 entre las 700 que aparecen en el QS. Y en ninguno de los casos entre las primeras 100.

Las autoridades académicas se quejan sistemáticamente de los recortes en la financiación para justificar su ausencia. Pero hay algo más pedestre que puede determinar esa no aparición, y sobre lo que quiere incidir la guía del ministerio: La gestión de interna de esa información y su visibilidad hacia el exterior. Sin facilitar los datos, u ofreciendo elementos contradictorios o incompletos, es imposible competir con universidades que dedican ingentes recursos a vender lo que hacen.

Conozco varios casos de universidades públicas y privadas al respecto. En no pocas ocasiones, las peticiones de datos para elaborar esos rankings dan vueltas por varios servicios y departamentos antes de que alguien remita a la organización que los pide el link a lo que aparece en su web, en muchos casos con información desfasada en uno o dos años respecto al curso en el que se solicitan. O directamente envían la memoria académica del año anterior. O una tabla de datos en el formato que usa la universidad con información que no es la que se pide…

No es siempre así, pero sé por experiencia que un porcentaje importante de las universidades españolas no cuenta con los protocolos y los sistemas internos para gestionar esa información y transmitirla hacia fuera.

Se ha perdido un tiempo precioso para fomentar que organizaciones españolas impulsaran alguna de estas clasificaciones”

Por otra parte, se ha perdido un tiempo precioso para fomentar que organizaciones españolas impulsaran alguna de estas clasificaciones. Existen iniciativas interesantes, como el Scimago de la Universidad de Granada o el Webometrics del CSIC, pero son sectoriales y no tienen la capacidad de liderar el análisis del panorama universitario global desde la perspectiva iberoamericana, como sería deseable.

 

Hace 16 años se publicó el primer ranking de las universidades españolas. Lo hizo el semanario Gaceta Universitaria, y su aparición provocó un pequeño terremoto en el sistema.

Se trataba de un completo estudio elaborado por cuatro investigadores de la Universidad de Barcelona, dirigidos por el sociólogo Jesús de Miguel. Lo conozco bien porque participé de su publicación.

Los investigadores analizaron 71 indicadores de 44 universidades españolas, y elaboraron una serie de clasificaciones sectoriales por publicaciones, tesis defendidas, ratios de profesor alumno, volúmenes por bibliotecas… Pero además incluyeron una clasificación final asignándoles a cada una un valor global entre 0 y 10

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El titular del periódico fue “Diez universidades públicas no llegan al aprobado”, y tuvo una repercusión fenomenal en toda España. Los rectores del 7 para arriba se mostraron encantados (Autónoma de Barcelona, Complutense, Pompeu Fabra, Universidad de Barcelona, Autónoma de Madrid, La Laguna y Santiago). Los suspensos echaban chispas (UNED, Huelva, Jaén, Vigo, Burgos, Almería, A Coruña, La Rioja, Jaume I y Politécnica de Cataluña). La Conferencia de Rectores convocó una reunión de urgencia para analizar lo sucedido y, ante la imposibilidad de desacreditar el trabajo (financiado por una ayuda de investigación del Ministerio y elaborado con datos oficiales del Consejo de Universidades) anunciaron que pondrían en marcha su propio sistema de análisis, “pero sin notas ni ranking, ya que no se trata de hacer ningún examen”. Nunca lo hicieron.

Sin facilitar los datos, u ofreciendo elementos contradictorios o incompletos, es imposible competir con universidades que dedican ingentes recursos a ‘vender’ lo que hacen”

Y lo cierto es que tampoco hubo segunda edición del ranking por parte del periódico. La gloria nos duró lo mismo que los datos: unos meses, y aunque años después otros medios elaboraron sus propias clasificaciones, ni el modelo, ni la metodología ni el impacto fueron los mismos.

 

Tres lustros después, el ministerio les pide a las universidades que sean más ágiles, y más hábiles, en dar lustre a su actividad para salir en la foto. Ahora no hay riesgo de figurar como suspensos en todos los medios de comunicación, pero el peligro es aún mayor: No aparecer, y por tanto engrosar de forma estable las listas de la segunda división universitaria internacional.

Urge tomar medias a todos los niveles para que las universidades españolas no se cuezan en su propio jugo, ajenas al marketing y a la organización y gestión de su propia información de cara al exterior. Hace 15 años bastó la valentía de cuatro investigadores y la visión de un periódico gratuito para retratar a buena parte del sistema. El día que a los chinos o a The Times les dé por hacer públicos los últimos puestos del escalafón, igual tenemos un problema.

O varios.

 

PD: No quiero olvidarme de las personas que trabajaron en la publicación del ranking de las universidades españolas de Gaceta Universitaria en diciembre de 1999. Las primeras gestiones con el equipo de investigación las llevó a cabo Jordi Ruz, delegado del periódico en Barcelona, y la redacción de la información corrió a cargo de Pilar Manzanares, con mi aportación y la coordinación del director del periódico, Vicente Clavero. Mi recuerdo y mi reconocimiento para ellos.

El titular del periódico fue ‘Diez universidades públicas no llegan al aprobado’, y tuvo una repercusión fenomenal en toda España”

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