Periodismo, divulgación de la ciencia y ondas gravitacionales

El interés registrado por el descubrimiento de las ondas gravitacionales lo confirma: La información científica atrae a mucha gente. No voy a entrar a analizar a cuántos y quiénes, porque eso ya lo hace, y muy bien, la Fecyt. Pero si se analiza cualquier medio de comunicación pueden encontrarse sin dificultad noticias relativas a avances científicos, desarrollos tecnológicos y sus aportaciones a la vida cotidiana.

En mi opinión, esa mejora en el interés general por la ciencia y la tecnología se debe a una serie de factores que se suman y retroalimentan:

  • La multiplicación de la oferta informativa que ha supuesto Internet. El espacio finito de los medios tradicionales dejaba fuera mucha información científica, pero la visión holística de los digitales ha permitido recuperar este tipo de noticias.
  • La iniciativa de organizaciones donde se genera la ciencia para contar lo que están haciendo: desde universidades a centros tecnológicos, pasando por organismos públicos de investigación, fundaciones y empresas. Cada vez es más habitual que en los gabinetes de prensa haya especialistas en divulgación contando lo que hacen a los medios y al público en general.
  • El trabajo de divulgación que llevan a cabo cada vez más investigadores, que valoran su importancia y dedican parte de su tiempo a esta tarea (Este punto lo he incorporado por sugerencia de José Pichel).
  • El papel de una nueva generación de periodistas especializados en información científica, salidos de los masters que las universidades crearon en los últimos 20 años.
  • Las actividades de divulgación que se han consolidado en la oferta cultural de las ciudades, a través de iniciativas como la Semana de la Ciencia y la Noche de los Investigadores, entre otras.
  • El interés creciente de los jóvenes por los avances científicos y el desarrollo de la tecnología, sustentado sobre todo por el uso intensivo que hacen de estas últimas, pero también de las actividades de divulgación del punto anterior y la presencia en el currículum escolar de asignaturas como Ciencias para el Mundo Contemporáneo.
  • Y, en último término, el convencimiento general de que la economía española tiene que girar el eje hacia actividades intensivas en I+D si no queremos que otra burbuja ladrillera nos explote en la cara dentro de otros 15 ó 20 años.
Actividades de la Semana de la Ciencia.

Actividades de la Semana de la Ciencia.

Por eso me atrevo a afirmar que el periodismo científico vive una edad dorada en España. Nunca antes de ahora los medios de comunicación le han dedicado tantos recursos a la ciencia y la tecnología como ahora. Y eso ocurre a todos los niveles: prensa impresa, radio, televisión, medios digitales, de ámbito nacional, regional y local, blogs, plataformas de intercambio de contenido como Facebook, Twitter y Youtube.

Desde el punto de vista de la audiencia, la oferta de información sobre ciencia y tecnología es espectacular. Sólo en lo audiovisual, disfrutamos de programas divulgativos de calidad en televisión, como Órbita Laika (La 2) o en clave tecnológica Fabricando: made in Spain (La Primera). En radio la oferta es muy extensa: Radio Nacional de España emite más de 10 programas sobre esta temática, encabezados por el veterano A hombros de Gigantes. Y todas las cadenas privadas de cobertura estatal cuentan con programas específicos o secciones fijas en magacines generales (La Brújula de la Ciencia en Onda Cero, El Viajero Cuántico en La Ventana de la SER, Ciencia en la Tarde, de COPE…).

El periodismo se está transformando, no se está muriendo”

No siempre fue así. Hasta hace 15 ó 20 años, la información científica estaba desaparecida de la televisión, pública y privada, era completamente testimonial en radio y en la prensa escrita permanecía enclaustrada en suplementos financiados por empresas del sector energético, que lavaban su imagen promocionando islas de información en El País, La Vanguardia y otros medios que dejaron que el tsunami del olvido las arrasara cuando se cerró el grifo del patrocinio.

Ahora los ciudadanos que quieren saber qué es lo nuevo en astrofísica, en impresión 3D o en el desarrollo de los wearables, teclean en Google su pregunta y recibe miles de propuestas informativas, de las que un porcentaje muy importante son noticias de medios de comunicación.

Suplemento Futuro de El País

Suplemento Futuro de El País

Y, paradójicamente, este fenómeno se produce en paralelo a la crisis laboral de la profesión, que no se acaba nunca y está dejando a miles de periodistas en la calle.

Reflexionó sobre ello hace tiempo uno de los clásicos de la divulgación de la ciencia en España, Vladimir de Semir. Se preguntaba ¿Cómo es posible que, si los medios ofrecen más y mejor información científica, muchos y buenos periodistas especializados están casi pidiendo por las esquinas? Y nadie le respondía.

Quizás no obtuvo respuesta porque lo que se planteaba no era una dicotomía, sino que estaba describiendo dos verdades que conviven de forma grosera en la comunicación del siglo XXI: Manejamos mucha más información que cuando los periodistas administramos el monopolio de las noticias, y la pérdida de esa exclusividad ha terminado orillando a muchos y buenos profesionales, náufragos del modelo periodístico tradicional que está en vías de extinción.

Pero no quiero acabar en tono negativo. El periodismo se está transformando, no se está muriendo. Puede hacerse buen periodismo fuera de los medios, por ejemplo desde los gabinetes de comunicación. Y me subo a las ondas gravitacionales de Einstein para terminar con un pedazo de ejemplo de divulgación científica:

Hace unos días, cuando desde los Estados Unidos se anunció este importante descubrimiento, la oficina de prensa de la Universidad de las Islas Baleares se apresuró a publicar una información sobre el papel de varias de sus investigadores en el hallazgo. La noticia, distribuida por centenares de medios de comunicación de toda España, iba a acompañada con el relato de cómo vivieron esos investigadores un momento histórico para la astrofísica mundial, en una pieza que debería estudiarse en esos masters de comunicación de la ciencia de los que salen muchos y buenos periodistas, y que comparto aquí: Así es como lo recordamos.

firmacoll

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