Patentes: La explotación del conocimiento

“Tengo una idea buenísima y voy a patentarla”. A menudo escuchamos este tipo de expresiones, o las decimos nosotros mismos, cuando nos referimos a novedades / ocurrencias que se supone que pueden tener un valor, hasta el punto de querer proteger su exclusividad.

Sin embargo, las patentes son algo más serio que una chispa de ingenio o una idea brillante. Se trata de privilegios legales de explotación de nuevos productos o tecnologías para ser explotados comercialmente por un período de tiempo, que en España son 20 años.

La actividad creadora se protege de distintas maneras, en función del tipo de novedad sobre la que se reclama la exclusividad: Existe la propiedad industrial, que incluye patentes, marcas, las obtenciones vegetales y los semiconductores, y la propiedad intelectual, que afecta a los derechos de autor, obras artísticas y programas informáticos.

Esa distinción es clave, porque determina las novedades que son patentables y las que deben ser protegidas a través de otras figuras legales, como los derechos de autor, de carácter patrimonial o moral.

Existen cuatro requisitos para poder solicitar una patente en España:

  • La novedad: Que la invención que se reclame no esté comprendida en lo que se denomina estado de la técnica (el conjunto de conocimientos publicados sobre la materia a la que pertenece esa invención).
  • Que proceda de una actividad inventiva (que no ser trate de una simple derivación de lo que ya se conoce).
  • Que tenga aplicación industrial.
  • Y que esté suficientemente descrita en la solicitud.

Casi tan determinante como estos cuatro puntos son las excepciones, lo que la ley determina que no se puede patentar en España:

  • Los descubrimientos, teorías científicas y métodos matemáticos.
  • Las obras literarias, artísticas, científicas y las creaciones estéticas.
  • Los planes, reglas y métodos para el ejercicio de actividades intelectuales, para juegos o para actividades económico- comerciales, así como los programas de ordenador.
  • Las formas de presentar la información.
  • Los métodos de tratamiento quirúrgico, terapéutico o de diagnóstico aplicados al cuerpo humano o animal.
Patentes

Evolución de la solicitud de patentes en España. Gráfico de la Cadena SER.

Solicitar una patente es un proceso complejo que no está al alcance de todos. Existe un regulador nacional, la Oficina Española de Patentes (OEPM), que es la encargada de tramitar estos derechos en unos plazos que varían entre dos y tres años. Y si se quiere extender su validez a otros países la cosa se estira.

En España patentamos poco, y la crisis no ha hecho sino agudizar este problema: en 2014 el número de derechos de patente solicitados a la OEPM se situó al nivel de hace 12 años, con poco más de 3.000 registros. Principalmente patentan particulares (40% del total de solicitudes), seguidas muy de cerca por empresas (38%), universidades (15%) y organismos públicos de investigación (6%).

La explotación del conocimiento que se genera es el eje sobre el que las empresas son capaces de desarrollar nuevos productos y servicios (y abrir nuevos mercados) a través del valor añadido de nuevas herramientas y sistemas de producción. Sin aumentar el volumen de patentes, las empresas se ven obligadas a llegar acuerdos de cesión de derechos con terceros para no perder el tren de la innovación, explotando las creaciones y novedades que otros han generado.

En 2014 el número de derechos de patente solicitados a la OEPM se situó al nivel de hace 12 años, con poco más de 3.000 registros”

Y sin embargo, la producción científica española está a un buen nivel, situándose en el décimo lugar en el mundo en publicaciones científicas (novenos hasta 2014, en el que nos superó India). Otro dato llamativo es que, a pesar de que el número de solicitudes de patentes a nivel europeo desde España también ha descendido, en 2014 el volumen de las que han completado el proceso de forma exitosa creció en un 18%  respecto al año anterior.

En estos días el Congreso de los Diputados ultima la redacción del Proyecto de ley de Patentes, llamada a sustituir a la actual, de 1986. El objetivo del Gobierno es fomentar el incremento de registros, en parte abaratando costes (con descuentos en las tasas que podrían ser de hasta el 100% para las universidades) y tratando de potenciar las denominadas “patentes fuertes”, las que crean valor frente a las denominadas “patentes curriculares”, que se solicitan sin una vocación real de generar riqueza, y sólo repercuten en la carrera académica de quien las registra.  Otro de los objetivos es aumentar la tasa de patentes españolas que dan el salto a otros países, para favorecer la internacionalización de la actividad industrial.

En la economía del conocimiento las publicaciones, los sexenios de investigación y el índice h de citas académicas no cotizan. Sin investigación básica, sin la publicación de los resultados y su reconocimiento el proceso de innovación no existiría, pero quedarse en la mitad del camino nos condena a ser los más listos de los que van a septiembre.

Para lograr que crezca el volumen de patentes en España hacen falta muchas cosas. Ahora tenemos una de ellas, la voluntad política, pero hemos retrocedido mucho en cuanto a recursos, tanto públicos como privados. Nos falta también la mentalidad, y en la misma línea, una mayor capacidad para trabajar en proyectos conjuntos de innovación entre los distintos actores del sistema (empresas, universidades, clusters, centros tecnológicos, OPIs…).

Detrás de las cifras y de los procedimientos para llevar hasta el final los procesos de innovación está el futuro, y en esa carrera no vale quedarse a medio camino.

En España patentamos poco, y la crisis no ha hecho sino agudizar este problema”

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