Panorama de la prensa en España: Viejas caras, nuevas caras

Se anuncian nuevos proyectos de comunicación para este año en el panorama informativo español. Buenas noticias para todos, especialmente para la profesión, que quiere ver en iniciativas como los diarios digitales que se avecinan la solución a sus propias crisis. A la económica y a la estructural, que es casi tan monstruosa como la primera.

Porque la prensa en España está experimentando una transformación más profunda que la del negocio puro y duro, que se ha llevado por delante 364 medios de comunicación (y casi 12.000 empleos) en seis años. Antes que la crisis hiciera añicos el andamiaje empresarial (plagado de cabeceras centenarias, algunas también en los modelos de trabajo), la revolución de las telecomunicaciones ya amenazaba el sistema tradicional de la prensa escrita, que durante demasiado tiempo mantuvo el modelo lineal de comunicación en la que los usuarios pagaban por un producto final en el que su aportación era comprarlo y leerlo.

Datos de cierre de medios de comunicación en España durante el periodo 2008-2014. Fuente: APM

Datos de cierre de medios de comunicación en España durante el periodo 2008-2014. Fuente: APM

La secuencia del terremoto ha tenido varias fases. En la primera cayeron los medios que estaban tiritando, trabajando casi lo comido por lo servido, viviendo malamente de la publicidad institucional que les daba oxígeno y al mismo tiempo les envenenaba. Este modelo era más obsceno en entornos pequeños, con cabeceras acogotadas a los dictados de diputaciones, ayuntamientos y cajas de ahorro. Cuando los políticos cancelaron las transferencias el sistema se vino abajo, pero incluso antes una parte importante de los contenidos informativos de no pocos de esos medios eran puro corta y pega de notas de prensa oficiales. Con semejante panorama ¿Quién esperaba que los lectores siguieran pagando por leer comunicados que podían descargarse el día antes desde las webs de las propias administraciones?

¿Quién esperaba que los lectores siguieran pagando por leer comunicados que podían descargarse el día antes desde las webs de las propias administraciones?”

A esas alturas, muchos de los empresarios que contaban con un periódico descubrían que su capacidad de maniobra respecto al poder se reducía dramáticamente, recortada por el auge de la prensa digital, la llegada de nuevas televisiones privadas y el consecuente descenso de ventas. En numerosas ocasiones esta situación se sumaba al descalabro de las empresas matrices, básicamente constructoras, que arrastraban en su caída a los periódicos.

El meneo también llegó a los grupos nacionales y multimedia: Prisa, Vocento, Unidad Editorial, Zeta… En todos la segadora de los ERE se ha llevado por delante a muchos periodistas, preferentemente los más veteranos. Con la necesidad de recortar gastos de plantilla las redacciones han perdido canas y calvas, pero el lifting no parece haber salido del todo bien, y las cifras de ventas y de negocio siguen bajando en todos los casos.

La segadora de los ERE se ha llevado por delante a muchos periodistas, preferentemente los más veteranos”

En paralelo, las ediciones digitales de los periódicos han vivido una década de esquizofrenia aguda, pasando de ser primero un cajón de sastre y banco de pruebas de un nuevo modelo que no convencía a intentar convertirse en el bote de salvamento de las cabeceras tradicionales. Alternando ciclos de pago y de gratuidad, y etapas en las que se ha pasado de reservar información escrita en los digitales a la barra libre del “lea ahora gratis lo que le vendemos mañana por la mañana en el kiosko”.

He experimentado todo este proceso como periodista y como lector. Y en ambos casos me puede la depresión de ver cómo la profesión se difumina en medio del naufragio general, cuando más falta hace.

Si ya estamos en el suelo ¿Cómo y cuándo nos levantamos?

 

Se anuncian nuevos proyectos digitales de cierta envergadura que devuelven la esperanza a los periodistas, pero también a muchos ciudadanos que quieren disfrutar de contenidos de calidad on line, de pago, adaptados a todos los formatos y accesibles casi desde cualquier lugar.

Ya hay dos apuestas sobre la mesa con cierto pedigrí: El Español de Pedro J Ramírez y Ahora, de Miguel Ángel Aguilar. En ambos casos impulsados por periodistas veteranos que vienen de la prensa convencional, y que se están reforzando con jóvenes como María Ramírez y Ramón González Férriz, respectivamente. Me lo han puesto fácil para citar a Jorge Martínez (Ilegales) en Agotados de esperar el fin: “Viejas caras, nuevas caras, pero las mismas cabezas”.

Como futuro lector impenitente de ambos medios, y como periodista con ganas de echar mi cuarto a espadas, déjenme pedirles dos cosas antagónicas y necesarias: No se olviden del viejo periodismo para construir el nuevo. Pero, por favor, ni se les ocurra cimentar sus proyectos sobre los modelos clientelares del pasado.

Publicada en El Diario.es el 09 de enero de 2015

Viñeta de Manel Fontdevila publicada en El Diario.es el 09 de enero de 2015

Aprovechen la tecnología para contar más noticias y mejores, y anulen los comandos Corta y Pega de los ordenadores de sus redacciones.

No permitan que la edición se contamine con la publicidad, de forma que quienes pasen por caja sean los que salgan más guapos en la foto.

Sean valientes para dar más protagonismo a los lectores, que se conviertan en usuarios y tengan un papel activo de verdad. No basta con crear un foro de opiniones por cada noticia. Hay que abrir una autopista de seis carriles a través de las que relacionarse con el público, y utilizar la experiencia de usuario para conocer cómo usan los medios y qué esperan de ellos.

Y no dejen de contar buenas historias. Es la base de nuestra profesión. Dediquen recursos a buscar información fuera de los circuitos institucionales. En la calle, en los parques y en las bibliotecas ocurren cosas todos los días. Es más interesante tener a los periodistas fuera de la redacción que mejorando el posicionamiento de las noticias en Internet.

Viejas caras, nuevas caras. ¡No dejen títere con cabeza!

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