Nuevos empresarios para la innovación

Mercedes Cabrera es una profesora de Ciencias Políticas de la Universidad Complutense, conocida especialmente por su paso por dos de los gobiernos de José Luis Rodríguez Zapatero como ministra de Educación.

Hace unos días presentaba en Salamanca su biografía sobre Jesús de Polanco, el patrón del Grupo Prisa, titulada “Capitán de empresas”. En su intervención, contestada con cordial y aguda crítica por José Luis Dader y Ángel Vadillo, defendió la idea de que el éxito de Polanco estuvo en su capacidad para innovar en la creación y el desarrollo de las aventuras empresariales en las que se embarcó, desde la edición de libros de texto (Santillana) a los medios de comunicación (El País, la Cadena SER, Canal Plus y otros).

La tesis de Cabrera es que el olfato de Polanco le indicaba en qué espacios de la economía era posible poner en el mercado productos nuevos e innovadores o muy mejorados. Así ocurrió con los manuales de Santillana, para cuyas ediciones se valió de equipos propios de contenidos que le permitían reaccionar con rapidez a los cambios en los temarios, algo que a sus rivales les costaba más al tener la producción de la mayoría de los textos subcontratada. Y en El País, primer diario español editado con ordenadores (1976). En 1989 dio el salto a la televisión, y lo hizo con una propuesta de canal de pago que sonaba a fracaso para quienes sostenían que en España, en aquel momento, no había cultura de pagar por ver la televisión. Y era verdad, porque la creó Polanco.

Jesús de Polanco (Foto: El País)

Fue un empresario atípico en una España que cambiaba a ojos vista, transitando de la dictadura a la democracia a lomos del papel de rotativas en las que se estaba escribiendo la historia. Tuvo más éxitos que fracasos, y fue capaz de dejar al Grupo Prisa en lo más alto antes de que, coincidiendo con su muerte, el modelo de comunicación de masas que él conoció y gestionó como un líder en España se derrumbaba ante el sorpasso de Internet.

En los últimos nueve años los cambios en el ecosistema económico, político y social han sido espectaculares. Las constructoras se fueron por el sumidero de la crisis antes casi de quitar el tapón. Muchas empresas familiares han desaparecido o han sido absorbidas por multinacionales. Una parte importante de la banca, el gigante del dinero que daba y tomaba al ritmo del crédito, ha tenido que ser rescatada por el Estado.

Pero también hemos asistido al nacimiento de nuevos modelos empresariales: Las startups, iniciativas basadas en las tecnologías de la comunicación que han sido capaces de tejer un nuevo ecosistema en el que es posible exportar casi al mismo tiempo que se empieza  producir. Por no hablar del emprendimiento, que consiste en que los nuevos universitarios se ponen a  trabajar por su cuenta al terminar sus estudios sin intentar siquiera incorporarse a alguna empresa de su sector.

Este nuevo escenario empresarial tiene reglas distintas, incluso para un tema tan complejo como la financiación. Con los bancos mirando para otro lado, iniciativas como el crowfunding están permitiendo la puesta en marcha de proyectos, y también figuras como los business angels  o los sistemas de financiación peer to peer (P2P).

Mercerdes Cabrera, Mariano Esteban y Manuel Redero durante la presentación del libro en la USAL.

La innovación ha salido de la i minúscula de la ecuación mágica I+D+i  y se ha impuesto como una prioridad para las nuevas empresas y para muchas de las que han sobrevivido. No basta con hacer las cosas al viejo estilo: producir más con menos costes. La cuenta de la vieja se estrella contra los países asiáticos, donde casi todo se genera más deprisa y más barato. Ahora la clave sobre la que giran los nuevos negocios es  la capacidad para ofrecer productos y servicios nuevos, de alto valor añadido, que rompen el mercado introduciendo modelos en los que la tecnología sirve para darle la vuelta a todo el sistema. Se llama Uber, se llama Netflix, se llama Tesla.

Para que todo funcione hacen falta empresarios con un planteamiento distinto al modelo tradicional”

Para que todo funcione hacen falta empresarios con un planteamiento distinto al modelo tradicional. Dispuestos a jugársela y a adelantarse, a ocupar los nuevos espacios que ofrecen las tecnologías en las comunicaciones, la energía, el transporte… Necesitamos nuevos dirigentes para organizar empresas distintas, con retos diferentes y herramientas que se renuevan y aceleran todos los procesos, lanzando al estrellato a jóvenes talentos y enterrando a firmas históricas.

Los ciudadanos demandan nuevos productos y servicios basados en las facilidades que les proporcionan las tecnologías de la información. No hay tiempo para quejarse, solo para adaptarse o desaparecer. Y en ese contexto, solo quienes sean capaces de ver más allá de la actividad diaria de los mercados o las encuestas de satisfacción de los consumidores serán capaces no ya de tener éxito, sino sencillamente de sobrevivir.

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