Manuel Bruno: Siete generaciones tras los telares bejaranos

El propietario de Manuel Bruno Fraile, fábrica bejarana de tejidos de lana y sus mezclas, representa el último eslabón de una saga instalada en la ciudad hace más de dos siglos. Se jubiló hace cuatro años, pero continúa bajando a diario a la empresa, de la que sigue siendo el corazón.

Manuel Bruno Nevado entró en la empresa familiar con 23 años, cuando estudiaba Económicas en El Escorial. Ahora tiene 74, y no ha salido de ella. Es la séptima generación de una familia de industriales textiles que se remonta, al menos, hasta el último tercio del siglo XVIII.

Se mueve con seguridad por las naves de la empresa, junto al río Cuerpo de Hombre. Revisa los tejidos en el almacén. Charla con las zurcidoras que repasan el paño. Calibra una bobina de hilo e intercambia impresiones con el responsable del urdidor y el jefe del taller.

Manuel Bruno es uno de los últimos testigos del proceso de desmantelación de la industria textil de Béjar”

Es un superviviente. Uno de los últimos testigos del proceso de desmantelación de la industria textil de Béjar, pero también de la del resto de España. Valiente y con la capacidad de ir dos pasos por delante, apostó hace tiempo por las uniformidades civiles (sobre todo colegios) para especializar gran parte de la producción, que complementa con novedades para señora y caballero. Y acertó.

BLOG Manuel Bruno en la zona de zurcido de su fábrica FOTO IGNACIO COLL

El descalabro del sector le ha obligado a trasladar parte de los procesos de producción lejos de Béjar. A Portugal los aprestos y el tinte, y algo de esto último también a Cataluña. Y el mercado, lejos de globalizarse, se reduce. “Ya casi no quedan confeccionistas en España. Nos conocemos todos, se acabó la época de los comerciales”, resume desde su escritorio, en la primera planta.

Parece una persona tranquila, pero su trayectoria profesional dice lo contrario, quizás porque lleva la inquietud por dentro del traje. Además de patronear la fábrica salvándola de las sucesivas crisis que encadena el sector, ha sido presidente de la Cámara de Comercio e Industria de Béjar, de la Agrupación de Fabricantes, concejal en dos legislaturas y miembro del Consejo Social de la Universidad de Salamanca. También es el presidente de Cáritas en la ciudad, y una persona ocupada y preocupada por todo lo que pasa en Béjar.

La fábrica funciona estos días a un quinto de su capacidad, porque estamos en temporada baja. Ocupa dos grandes naves en la carretera de Ciudad Rodrigo, donde se trasladó después de pasar más de un siglo en la calle 28 de septiembre. Trabajan de continuo 12 personas, que pueden incrementarse si suben los pedidos. La maquinaria es española. ¿Toda? “Sí, todas las que he tenido se han hecho aquí, incluidos los primeros telares automáticos, que adquirí en 1974”, confirma con seguridad Bruno, que relata las vicisitudes de la empresa sin perder la sonrisa.

Aunque es de los pocos que sigue en marcha, no ha sido ajeno a la desaparición de la mayoría de las firmas bejaranas. “La puntilla llegó con el acuerdo multifibras, que desde 1974 hasta 2004 gravaban las importaciones de textiles de terceros, sobre todo de Asia. Cuando se terminó, todo el sector se vio sacudido por la globalización”, explica el empresario.

Y no solo Béjar, apunta. Talavera, Albacete, Cataluña y el resto de núcleos textiles se han resentido hasta reducirse a la mínima expresión. “Y en el resto de la Unión Europea ha ocurrido lo mismo. No hay que viajar más que a Mazanet, en Francia, para ver un ejemplo muy parecido al de Béjar. Y también en Alemania. El sector está en vías de desaparición en toda Europa”.

El origen de esta fábrica bejarana se remonta a finales del siglo XVIII”

Antes había llegado la liberalización del mercado europeo, a partir de 1986. Y dos décadas atrás se vivió la apertura al comercio exterior, en los años 60. La industria textil vivió y murió de y con sus propias crisis, anunciando un mundo en el que la deslocalización es capaz de mover materias primas, personas, máquinas y fábricas enteras de un punto a otro del planeta. Siempre hay un lugar donde se pueda producir más barato, y más rápido. Aunque sea peor. Y eso arrastró a toda la clase media empresarial.

Pero en todos esos procesos, Bruno ha sacado la cabeza de las tormentas y remado en la dirección del sol.

En los años 60, con los primeros atisbos de la recesión del sector, Manuel Bruno apostó por la uniformidad civil como fórmula para superar la primera crisis. Cientos de miles de metros de tela salieron de su fábrica en dirección a El Corte Inglés, pero también hacia otros confeccionistas que vestían a colegios de todo el país. Y también a los distintos cuerpos de seguridad, como la Policía Nacional, la Guardia Civil o las policías locales.

blog Manuel Bruno en la nave principal de su fábrica FOTO IGNACIO COLL

A mediados de los 70, con la intención de fortalecer su propuesta en los distintos concursos que ofertaban las administraciones, se asoció con una empresa de Valencia que confeccionaba los trajes para el Ejército y otra de Getafe que se encargaba de las gorras. Así nació Tejidos Específicos (TEFASA), que se instaló en la actual sede de Bruno, y que durante años convivió con la factoría dedicada a las novedades, ubicada en el número 11 de la Calle 28 de septiembre.

Manuel tiene tres hijas, pero ninguna ha seguido sus pasos profesionales. Las riendas de la empresa las lleva ahora la gerente, Susana Morán. También tiene cinco nietos y una nieta. ¿Habrá octava generación al frente de la fábrica? “Lo chicos son pequeños, pero igual alguno pega el salto”, concede. Y la entrevista comienza como terminó, esbozando la sonrisa con la que ha afrontado todas las vicisitudes a las que ha tenido que hacer frente.

 

De Peñaranda a Béjar, hace casi 250 años

En la fachada de la fábrica puede leerse “Fundada en 1810”.  Esa fecha hace referencia a la segunda generación de los Bruno, que en ese año recibió el pago por unos paños confeccionados para las tropas anglo españolas durante la Guerra de la Independencia.

Pero el historiador local Óscar Rivadeneyra ha localizado al primer Bruno del que se tiene constancia en Béjar. Se trata de José Bruno Manjón, que el 28 de enero de 1774 solicitó permiso para instalarse en la localidad con su familia. Procedía de Peñaranda de Bracamonte. Manuel Bruno es descendiente directo de José Bruno ya que su bisabuelo, Manuel Bruno Agero, era bisnieto de José Bruno Manjón.

La familia Bruno se instaló originariamente en la zona de la Plaza Mayor, y en la segunda mitad del siglo XIX adquirieron los terrenos de la actual calle Zúñiga Rodríguez donde viven.

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Texto publicado originalmente el 18 de noviembre de 2017 en El Día de Salamanca.

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2 Comments
  • Javier Rabanal
    julio 6, 2018

    OJALA, MUCHOS EMPRESARIOS DEL TEXTIL, HUBIESEN TENIDO, LA VISION VISIONARIA QUE TUVO USTED, SR BRUÑO.¿ALGUIEN PENSO QUE EN ISLANDIA LA PRENDA FAVORIAT ES EL JERSEY DE LANA?NO HAY QUE TEENR MUCHSO ESTUDIOS PARA SER UN INTELECTUAL, SINO HAY QUE SER UN VISIONARIO.SIEMPRE QUE PASO POR BEJAR ME LLENA DE ORGULLO Y SATISFACCION, EL VER QUE SIGUE UNA EMPRESA EN PIE.SUERTE, Y QUE MUCHA TELA.

    • Ignacio Coll
      julio 31, 2018

      Gracias por tu comentario. Realmente es asombroso que la fábrica siga en marcha, y la clave es la capacidad de Manuel Bruno de adaptarse y saber anticiparse a la corriente para seguir a flote.
      Fue un placer entrevistarle.
      Ignacio

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