Los MOOC llaman a la puerta de las universidades

Hace años, en una conferencia sobre enseñanza superior, escuché una de esas frases cuya sencillez no resta ni un gramo de peso a su rotundidad: “La docencia universitaria es el oficio que menos ha cambiado desde la edad media hasta el siglo XXI”.

Es una verdad fácilmente demostrable que, en una ciudad universitaria como Salamanca, queda patente al recordar que el Edificio de las Escuelas Mayores (sí, el de la fachada plateresca, construido en el siglo XV) albergó docencia de manera regular hasta la década de 1950.

El esquema tradicional del profesor impartiendo conocimiento en una clase frente a un grupo de estudiantes más o menos despistados, con la sola ayuda de uno o varios libros, solo fue modificado en el siglo XIX con la llegada de la pizarra y, en el último tercio del XX con la aparición de los proyectores de diapositivas y transparencias.

De hecho, el sistema tradicional de enseñanza presencial sólo se vio sorprendido por la aparición de la UNED en 1972, a la que se le unió 23 años después la UOC. Para entonces Internet empezaba a ser algo más que un juguete, que en las universidades residía en algunos ordenadores del CPD y de las facultades y escuelas de Informática.

Hubo que esperar a comienzos de este siglo para que las universidades presenciales abrieran la puerta de la enseñanza on line”

Pero hubo que esperar a comienzos de este siglo para que las universidades presenciales abrieran la puerta de la enseñanza on line (la primera licenciatura impartida íntegramente por Internet, Historia y Ciencias de la Música, se ofreció en el curso 99-2000 en la Universidad de La Rioja).

Toda esta arqueología universitaria viene a cuento de la explosión que (dicen) están experimentando los MOOC. Bajo este acrónimo se presentan los cursos on line, masivos y gratuitos, que tienen su origen en el año 2008 y que saltaron a las index de los medios digitales cuando uno de esos cursos, sobre Inteligencia Artificial, registró más de 160.000 matriculados en la Universidad de Stanford en 2011.

Los MOOC son docencia universitaria, impartida por profesores de los distintos centros que se animan a poner en marcha programas de este tipo. Suelen durar unas semanas, se ofrecen exclusivamente a través de Internet, abarcan todas las ramas del conocimiento y dan la oportunidad a quienes los superar de obtener un certificado acreditativo.

Como ocurre con machacona frecuencia en el mundo universitario, los norteamericanos llevan la delantera. En Estados Unidos, además de Stanford, la todopoderosa Harvard y el resto de las entidades que forman parte de la Ivy League llevan varios años ofertando MOOC con alegría. Y de ahí para abajo el panorama es el mismo en los 50 estados de la Unión.

 

¿Qué aportan este tipo de programas a las universidades? Muchas cosas:

  • Por ejemplo, el acceso a nuevos mercados y el posicionamiento en los que ya opera como entidades modernas y socialmente comprometidas.
  • Un nuevo instrumento de captación de alumnos para sus programas de pago, que los MOOCS se encargan de dar a conocer.
  • Espacios de desarrollo y entrenamiento para los profesores más jóvenes y/o más inquietos.
  • Lógicamente, una vía de financiación directa a través de las certificaciones (que hay que pagar) para quienes superan los cursos.
  • Y en último término, el refuerzo de su imagen de marca y de su visibilidad en un contexto internacional donde quien da primero, como siempre, da dos veces.

 

Para los estudiantes las ventajas son obvias:

  • Formación universitaria gratuita y accesible desde cualquier lugar conectado a Internet.
  • Posibilidad de formar parte de comunidades de estudiantes de centros universitarios poco accesibles por motivos económicos, físicos o de ambos tipos.
  • Incorporarse a una experiencia colaborativa en la que la relación con otros estudiantes y los docentes refuerza sus redes y abre nuevas posibilidades de desarrollo formativo y laboral.

 

Si el panorama de los MOOC es tan bueno como parece, y los costes son muy bajos ¿Por qué las universidades españolas no se han lanzado a ofrecer este tipo de programas en castellano, aprovechando la marca y los lazos culturales, sociales y económicos con Iberoamérica, y en inglés para entrar en la competencia global con universidades de todo el mundo?

Si el panorama de los MOOC es tan bueno como parece, y los costes son muy bajos ¿Por qué las universidades españolas no se han lanzado a ofrecer este tipo de programas?”

En otoño de 2013 se puso en marcha Miriada X, la plataforma impulsada por Universia y Telefónica para organizar la oferta de las universidades de España y de los países iberoamericanos.

Un año después, 41 universidades ofertan algún programa de este tipo mediante esta plataforma. De ellas, 26 son españolas. Y de esas, 6 son privadas o concordatales.

A las universidades públicas españolas parece que les da pereza dedicar recursos no monetarios a esta iniciativa, a pesar de que algunos de los que lo han hecho están registrando un éxito que da miedo (más de 18.000 matriculados en un MOOC sobre Estadística de la Universidad de Salamanca).

¿Qué hace falta para que quienes diseñan la estrategia de las universidades impulsen la participación de sus profesores en esta iniciativa? ¿A qué están esperando?

En cinco siglos la forma de transmitir el conocimiento fue básicamente la misma, pero en menos de cinco años la potencia de las tecnologías de la comunicación amenaza con llevarse por delante a quienes se siguen resistiendo a actualizar su oferta formativa y su relación con los usuarios. Y siempre es mejor pasar a la historia a que la historia te pase por encima.

¿Qué hace falta para que quienes diseñan la estrategia de las universidades impulsen la participación de sus profesores en esta iniciativa?”

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