Los Lidón, música bejarana para cuatro reyes de España

La música de cámara acompaña a los monarcas y demás miembros de la realeza por todos los tronos que se precien. Scarlatti, Haydn, Mozart y Bach son apellidos sobresalientes vinculados durante varias generaciones a las cortes europeas, donde la música era un instrumento de poder más que un divertimento.

En España hay varios ejemplos, quizá no tan notables como aquellos. Una de esas sagas musicales hunde sus raíces en Béjar, y su historia acaba de ver la luz a través de la investigación de Josefa Montero, cuyo discurso de ingreso en el Centro de Estudios Bejaranos se ha publicado con el título de La familia de José Lidón: Biografía, música y política. El trabajo fue presentado el 3 de junio pasado en el Ayuntamiento de Béjar.

Lorenzo Lidón fue sometido a una minuciosa investigación inquisitorial para elaborar el expediente de limpieza de sangre”

La primera singularidad de este linaje hay que buscarla en Francia, de donde era originario Jean, el patriarca, llegado a España a comienzos del XVIII como soldado para participar en la Guerra de Sucesión que acabaría con la entronización de Felipe V.

Casado en la localidad salmantina de Huerta con una mujer de Hervás, vivió en Plasencia, donde nacería su hijo Francisco Javier. Este residió la mayor parte de su vida en Béjar, donde fue sacristán (y posiblemente organista) en la Iglesia de Santa María. De los cuatro hijos de Francisco Javier, todos bejaranos, dos siguieron el camino de la música. Uno de ellos fue el muy conocido José Lidón (Béjar 1748 – Madrid 1827), maestro organista de la Capilla Real de Palacio, rector del Colegio de Niños Cantores, autor de más de sesenta obras de música religiosa, así como de una ópera, una zarzuela y varios tratados sobre música.

Árbol genealógico de la familia Lidón elaborado por Josefa Montero.

José Lidón tuvo un papel muy destacado en la música de su época, y ejerció su influencia para que otros familiares encontraran acomodo en palacio. Varios estudios, algunos de la propia Montero, han rescatado los pasos de este músico bejarano, que sirvió a tres monarcas: Carlos IV, Fernando VII y José Bonaparte. Su relación con este último motivó el que fue degradado en el escalafón cortesano al regreso de El Deseado. Un completo estudio de este músico bejarano está accesible en el blog de Carmen Cascón: Parte 1 y Parte 2

En recuerdo de la figura y la obra de José Lidón, una céntrica plaza en Béjar lleva su nombre, así como una calle en el barrio de San José de Salamanca.

Pero el trabajo de la presidenta del Centro de Estudios Bejaranos se ha centrado en los otros miembros de la familia, como Lorenzo Lidón (Béjar 1740 – Guadalupe 1795), hermano mayor de José que profesó la mayor parte de su vida como fraile jerónimo en el Convento de Guadalupe, donde fue organista. Fray Lorenzo de Béjar, que así se llamó desde su entrada la orden, fue sometido a una minuciosa investigación inquisitorial para elaborar el expediente de limpieza de sangre que acreditara su condición de cristiano viejo; averiguaciones que todavía en el último tercio del siglo XVIII se llevaban a cabo en España para el acceso al clero, a la órdenes monacales o a cargos públicos. “Paradójicamente, gracias a ese expediente hemos conocido muchos datos de la familia Lidón”, apunta Josefa Montero.

Detalle de una obra compuesta por Alfonso Lidón

Pero el foco de trabajo de la investigadora, especializada en historia de la música, se ha centrado en los Lidón cortesanos. Así, a José le siguieron sus sobrinos Andrés y Alfonso Lidón. Nacidos en Béjar en 1772 y 1777, sus destinos musicales fueron bien distintos, aunque ambos desembocaron en el Palacio Real.

Alfonso, que como su tío José se educó en el Real Colegio de Niños Cantores de Madrid, también formó parte de la Real Capilla y compuso varias obras, pero las turbulencias políticas le llevaron primero a ser apartado de su cargo por José I, luego rehabilitado por Fernando VII, y posteriormente defenestrado por la reina regente María Cristina por ser “notablemente desafecto” a Isabel II. Murió en la indigencia en 1838.

Mariano Lidón fue apartado de su puesto de pianista de cámara por “carlista furibundo”

Andrés Lidón no ejerció en Madrid. Fue primer organista de la catedral de Córdoba, pero mantuvo una estrecha relación con su hermano Alfonso y su tío José. Dos de sus hijos estudiaron en los Niños Cantores, aunque solo uno de ellos seguiría sus pasos como músico: Mariano Lidón (1797 – 1875), reconocido pianista de cuyos conciertos ante los monarcas pueden encontrarse reseñas en la prensa de la época, y cuyo retrato, que puede verse en el Ateneo de Madrid, ilustra esta entrada. Como en el caso de su tío Alfonso y a su tío abuelo José, formó parte de los músicos de cámara del Palacio Real, pero la política se entrecruzó con frecuencia en su carrera. Convencido partidario de Fernando VII, a la muerte del rey fue desplazado de su puesto como pianista de cámara por “carlista furibundo”, dedicándose a la enseñanza musical por cuentas propia. Fue rehabilitado por Isabel II en 1846 y murió en 1875, reinando Alfonso XII, con el que se llegó a entrevistar.

Mariano Lidón citado en la crónica de un concierto privado ofrecido a Fernando VII en 1831

Mariano Lidón citado en la crónica de un concierto privado ofrecido a Fernando VII en 1831

La saga familiar se completa con otros personajes menos destacados, como Andrés Fernández de Entre-Ríos Lidón, nacido en Córdoba en 1837. nieto de Andrés y sobrino de Alfonso. Fue sacerdote, maestro de capilla de la Catedral de Córdoba y primer organista, renunciando a ambos cargos en 1876 para desplazarse a Jerez de la Frontera, donde fue titular de la Parroquia de San Dionisio. Y hay constancia de la presencia de otros dos lidones en la corte ocupando puestos menores: Rafael Lidón, ujier de cámara del Infante don Sebastián, que pudiera ser uno de los hijos de Andrés, y José Debono Lidón, posiblemente sobrino nieto de José Lidón, a quien Josefa Montero ha localizado como templador de órganos del Palacio Real a comienzos del XIX.

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El texto en el que está basada esta entrada fue publicado originalmente en el número 52 de El Día de Salamanca el 17 de junio de 2017.

 

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