Lo que aprendí del Encuentro de Rectores Universia en Salamanca

El Encuentro de Rectores Universia celebrado en Salamanca me ha permitido volver a participar en un evento de ámbito internacional relacionado con la universidad.

En un análisis estrictamente personal, comparto algunos de los aspectos más relevantes de estos días. Más allá de las conclusiones del encuentro, plasmadas en la Declaración de Salamanca, hay una serie de elementos que me han llamado la atención.

Un encuentro de este tipo, de una complejidad elevada y con un coste fuerte, se convierte en el más importante foro de la gobernanza universitaria en español (más de 600 rectores de 26 países). No hay ningún otro espacio para el debate sobre las universidades de este calado, al menos en el ámbito iberoamericano.  El saldo resultante entre el esfuerzo y el gasto frente al beneficio para los participantes (y para la ciudad que los acoge) es claramente favorable a este último.

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El papel del Banco Santander, impulsor y mantenedor del foro, resulta clave para su propia existencia. No creo que otra organización fuera capaz de asumir el liderazgo de algo así. Pero el Santander lleva más de 20 años enfocando parte de su estrategia internacional a las universidades. Lo que parecía una apuesta personal de Emilio Botín se ha consolidado como parte de la hoja de ruta de su hija Ana Patricia, que acertó en sus dos intervenciones en el plenario en el fondo y en la forma (fue la única en la inauguración y la clausura en añadir unas palabras en portugués e inglés a su discurso).

La Universidad de Salamanca ha sabido adaptarse al reto logístico y organizativo del evento. Su papel como anfitriona, vinculado a la celebración de su octavo centenario, ha sido notable, aprovechando para reforzar su proyección internacional y la de su nuevo rector Ricardo Rivero, que se ha asomado a la política universitaria global por la puerta grande.

universiaLos formatos empleados en las jornadas han basculado entre las líneas del showbusiness (estética minimalista, predominio de tonos blancos, ambiente informal para las intervenciones estrella, y uso medido de los recursos audiovisuales) y las tradicionales mesas de debate en las sesiones académicas.  Ha sido un empujón más en la tendencia (imparable, incluso en una universidad ocho veces centenaria) para arrinconar las mesas de nogal y los estrados como barrera entre ponentes y asistentes, que marcan una frontera del aprendizaje obsoleta.

Lo que ahora se llama networking, antes relaciones públicas y en el pasado encuentros informales, cobra la importancia que se merece en este tipo de reuniones. Algunos de los éxitos que se llevan algunos rectores en su equipaje de vuelta se han fraguado en torno a un vino o un café en los espacios habilitados por la organización. La app creada al efecto por Universia, con un buen funcionamiento y el efecto propio de las innovaciones tecnológicas, se vio superada por el clásico pasilleo entre sesiones y los encuentros fuera de foco planeados con antelación.

Los actores secundarios ganan presencia y visibilidad. Me gustó especialmente la presencia de cuatro estudiantes de doctorado en la entrevista coloquio que Esther Vaquero le hizo a Francisco Mojica. Sus intervenciones ponen el foco en las siguientes generaciones de docentes e investigadores, tradicionalmente fuera de este tipo de encuentros. Y la labor de los voluntarios, también estudiantes de la USAL, fue reconocida públicamente por el rector anfitrión y la presidenta del banco.

Mesa evaluacion e learningLos debates sectoriales han tenido ritmo y fueron seguidos con interés dentro y fuera de las salas, gracias a las redes sociales. Muchos de los retos que tienen las universidades son los mismos (la financiación, los procesos de transferencia de conocimiento, el encaje con el territorio, la evaluación de su actividad…) de forma que los diálogos se expandieron desde los paneles a los auditorios con naturalidad, con frecuencia superando el tiempo establecido.

Y una de las cuestiones que ha sobrevolado el foro sin aparecer como tal en el programa es el papel de las mujeres en las universidades, más allá de la representación femenina entre el alumnado, las plantillas de profesores y los equipos de gestión. En consonancia con la agenda global, las mujeres asumieron un rol determinante en el foro, encabezadas por la propia Ana Patricia Botín, pero también de la mano de la secretaria general de la SEGIB, Rebeca Grynspan, y de las rectoras de las universidades de Granada, Pilar Aranda, y País Vasco, Nekane Balluerka, muy activas y con visibilidad.

El Foro ha servido también para ver en forma a rectores de pasadas décadas que siguen en activo en distintos niveles. El politécnico Jaume Pagés, un clásico como el castellano-manchego Luis Arroyo, el académico Darío Villanueva o el incombustible Ignacio Berdugo, que por momentos rememoró su rectorado en Salamanca durante la Capitalidad Cultural de 2002, se han movido con soltura en el segundo plano.

Y de todos los mensajes de los políticos y las autoridades participantes, me quedo con la vibrante intervención del portugués Marcelo Rebelo de Souza. Habló en la inauguración desde su autoridad como jefe de Estado, pero imprimiendo a su discurso de la fuerza y la pasión de un docente universitario capaz de aportar una visión que superaba lo institucional.

Si yo fuera rector, lo tendría en mi agenda de fichajes para cuando deje la política.

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