La primera lección de Michael Portillo y Juan Cruz

Hace unas semanas la Universidad de Salamanca organizó una actividad cultural en el Campus de Ávila que tuvo una amplia repercusión. Michael Portillo, ministro de Defensa del Reino Unido y figura relevante del Partido Conservador británico en la última década del siglo pasado, participó en el ciclo de conferencias ‘Abulenses en la Universidad de Salamanca’.

La invitación, y la idea inicial de la charla, era que hablara sobre su padre, Luis Gabriel Portillo, profesor de Derecho Administrativo en la Universidad de Salamanca en la década delos 30, militante de Izquierda Republicana, que pasó la Guerra Civil trabajando para el Gobierno en Madrid y Valencia y que eligió Gran Bretaña para exiliarse en 1939.

hugh thomasPortillo padre es un personaje desconocido que, sin embargo, se encaramó a la historia de España de la mano del historiador Hugh Thomas, aunque de forma casi anónima. Cuando este publicó su Historia de la Guerra Civil Española, tomó el texto que Portillo publicó en 1941 en una revista literaria bajo el título de ‘La última lección de Unamuno’, en el que se narraba el incidente entre el rector y el general Millán Astray en el Paraninfo de la Universidad de Salamanca el 12 de octubre de 1936. Antes de comenzar el acto, Portillo le entregó un ejemplar original de la revista al vicerrector Enrique Cabero para que se incorpore a la biblioteca de la Casa Museo Unamuno.

Michael Portillo dejó la política en 2005, y ahora se dedica desde al periodismo de viajes. A bordo de todo tipo de trenes, recorre el planeta para grabar programas de viajes que son vistos por cientos de miles de espectadores en todo el mundo.

La charla que tuvo con el periodista Juan Cruz en Ávila fue excepcional. No se conocían, pero nadie hubiera dicho eso después de su conversación. De común acuerdo abandonaron su asiento en la mesa presidencial donde la organización les había sentado, y  parlamentaron de pie en una esquina del escenario. Lo hicieron sobre Luis Gabriel Portillo, pero pronto la conversación fue girando a otros temas más cercanos. Juan Cruz le preguntó por la emigración de su padre, sobre su trabajo como periodista, y se interesó por la redacción de ‘La última lección de Unamuno’, en la que intervinieron la mujer de Arturo Barea,  Ilse Kulcsar, quien tradujo el original, y el también escritor George Orwell, que facilitó que la revista Horizon publicara el texto.

El diálogo se fue alejando del exiliado español para recalar en aspectos como el trabajo de Michael con Margaret Thatcher. Una alusión de Cruz sobre los escasos rasgos de humanidad que percibió de la primera ministra británica fue contestada con rapidez y seguridad por su discípulo, que contó como la premier británica terminaba las agotadoras jornadas de la Guerra de las Malvinas escribiendo a mano cartas de condolencia para los familiares de los soldados fallecidos.

cartelConferenciasAbulensesUSAL_9enero_DIGITALEl público asistía al diálogo entre los dos con la sensación de haberse colado en una conversación privada. Portillo braceaba con soltura al expresarse, y por momentos clavaba a Cruz en el extremo de la mesa, en la que descansaba, sacudido por el ímpetu del británico, un pequeño vaso de agua con el que el periodista español trataba de calmar su inicial afonía.

Con la voz en precario, y por momentos atrapado por el abrazo de Portillo, Juan Cruz incorporaba nuevos temas, giraba sobre los anteriores, aportaba sus comentarios para completar los argumentos del inglés, o a veces para rebatirlos, curioso de la relación entre un padre republicano español y un hijo conservador británico, que mantenían el equilibrio familiar de las ideas bajo la poderosa estructura de la democracia británica que Portillo padre admiraba y añoraba para su patria.

Esa mañana, en la Escuela de Educación de Ávila, el magisterio lo impartieron dos desconocidos entre sí, ajenos a la universidad”

Y de una forma natural, lo que iba a ser una charla sobre un abulense exiliado, sus recuerdos, y la relación que sus descendientes han mantenido con Madrigal de las Altas Torres y con Salamanca se convirtió en una conversación sobre la vida, sobre el exilio, sobre la guerra y la fuerza de la palabra. Esa mañana, en la Escuela de Educación de Ávila, el magisterio lo impartieron dos desconocidos entre sí, ajenos a la universidad, sin los atributos ni el revestimiento de los doctos profesores del Estudio. Dos pasajeros que se encontraron en el andén del conocimiento casi por casualidad, y que ofrecieron sin proponérselo, o tal vez todo lo contrario, una lección magistral que completa, enriquece y da sentido a la docencia reglada de grados y másteres.

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Michael Portillo durante el rodaje de uno de sus programas sobre viajes en tren. Foto: Geof Sheppard

Cuando Portillo se despidió al salir hacia Madrid, en tren, pensé en la oportunidad que para la Universidad de Salamanca, y para cualquier otra, se ofrece al abrir una parte de su actividad al discurso y la experiencia de las personas que trazan la historia que se escribe a diario. La del periodismo y los viajes. La del debate de ideas sin una motivación estrictamente política. La de quienes acumulan la experiencia y el conocimiento y son capaces de transmitirlos de forma atractiva para incorporarlos a la formación de estudiantes que buscan en el aprendizaje su futuro.

Al terminar, intercambiaron sus teléfonos. Portillo tomó después un vuelo a Londres. Cruz tenía un almuerzo en Madrid y en el camino grabó su comentario en Hora 14. Es difícil aventurar si volverán a encontrarse, y si lo harán en un espacio público. Pero si eso ocurre cerca de ustedes, no se lo pierdan.

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