La música callada de Eduardo Francés

Es el único luthier activo desde Gijón a Sevilla. En su taller de Béjar elabora instrumentos de arco de forma artesanal para clientes de toda España, no más de cuatro al año. De formación autodidacta, descubrió su afición por construir instrumentos musicales hace trece años, y lo que empezó como un hobby se convirtió en su pasión y su profesión.

¿Qué grosor debe de tener la madera de la tapa de un violín? ¿Cómo se montan las clavijas? Es difícil saberlo, porque los fabricantes de instrumentos musicales no suelen compartir sus conocimientos. No hay casi manuales en castellano, ni apenas formación reglada, al menos en España. El oficio de luthier se transmite de maestro a aprendiz en los escasísimos talleres que funcionan en las grandes ciudades.

No es el mejor punto de partida para un músico que quiera adentrarse en los secretos de la luthería. Pero Eduardo Francés Bruno (Béjar, 1971) llevaba casi 20 años tocando el violín cuando un músico croata visitó la ciudad para ofrecer un curso. En las clases que impartió el profesor a veces se detenía a hablar sobre los materiales empleados en la creación de los instrumentos, en cómo estaban ensamblados… Era un punto de vista distinto en el  que los violines eran máquinas construidas para hacer una función muy concreta, casi siempre como parte de una estructura mayor (una orquesta). Aquella imagen de los instrumentos como herramientas tecnológicas que debían ser diseñadas y producidas con una mezcla de precisión y pasión cambió el punto de vista del joven músico. Y también su forma de ganarse la vida.

El símil con la organización de las máquinas de una fábrica no es baladí. Antes de recibir ese curso, Eduardo había trabajado diez años en la fábrica propiedad de su familia, dedicada al tinte, aprestos y acabados textiles. Y tras su cierre, en 2003, tenía que decidir qué quería hacer y dónde.

Eduardo Francés posa con una viola de gamba en su taller FOTO IGNACIO COLL“En 2005 abrí una tienda de instrumentos musicales en Salamanca. Entonces ya me iba haciendo mis cositas en el tema de la luthería, pero para uso particular. No pensaba en ganarme la vida con esto”, recuerda en su taller bejarano, rodeado de instrumentos en varias fases de construcción, herramientas y virutas de madera que rebosan sobre un cubo azul.

A partir del impulso de aquel profesor croata, el resto de viaje lo ha hecho solo. “¿La formación? Sí, pensé en estudiar en algún lado, pero en España no había en ese momento prácticamente nada. La alternativa era irme al extranjero, y yo ya no estaba para eso”, explica.  Entonces ¿Cómo aprender en una época en la que no estaban inventados los tutoriales de Youtube? Un libro se había cruzado en su camino: Manual del luthier: Tratado práctico sobre la construcción de violines, de Ramón Pinto. A ese le siguieron otros, la compra de planos de instrumentos, y búsqueda de información por todos lados. Y a base de trabajar, equivocarse, modificar y volver a empezar fabricó sus primeros violines.

Eduardo Francés solo construye y restaura instrumentos de arco: violines, violas, violonchelos y contrabajos”

Eduardo Francés solo construye y restaura instrumentos de arco: violines, violas, violonchelos y contrabajos. Y se ha especializado en réplicas de época barroca. La razón es que para los músicos que interpretan piezas del siglo XVII no es sencillo acceder a este tipo de instrumentos, cuyo precio oscila entre los 6.000 y los 12.000 euros y que no se comercializan de forma industrial. Es el territorio de los artesanos.

Esa singularidad es la que le ha llevado a ser conocido entre los músicos profesionales, que son su clientela. El trabajo es completamente a medida: modelos, tamaños, estilos… Todo personalizado. Lo primero que salió de sus manos para la venta fue una viola de gamba vendida a un estudiante del conservatorio de Salamanca en 2007. Y hasta ahora.

El material principal y casi único de su trabajo es la madera. “Hay unas cánones que se marcaron en Italia en el siglo XVIII que nadie se atreve a cambiar. Las tapas son de abeto, y los lados, el fondo y el mango se elaboran con madera de arce. Pero para las restauraciones empleo los materiales originales, y a veces me encuentro con instrumentos construidos en madera de nogal y de ciruelo, que también suenan muy bien. La materia prima la compro en Alemania y en Italia, por Internet”.

El taller, luminoso, organizado, funcional, alberga algunos instrumentos y varias piezas de madera diseminadas por las mesas de trabajo ¿Qué está haciendo ahora? “Estoy elaborando una viola de gamba para un músico de Salamanca. Y lo compagino con restauraciones. Procuro emplearme cada vez en un solo trabajo de construcción, porque cada pieza nueva me lleva de dos a tres meses”. El instrumento que ahora le ocupa, y que está a medio montar, presenta una peculiaridad: luce la cabeza de un anciano en lo alto del mango por expreso deseo del cliente.

La ausencia de literatura y lo estanco de la información entre compañeros, que guardan con celo sus secretos, lleva al luthier bejarano a investigar con frecuencia los diseños y las técnicas de los fabricantes de hace siglos. “A veces no tenemos planos ni imágenes de los instrumentos, ni sabemos cómo se tocaban. Y hay que investigarlo todo. Es complicado, pero apasionante”.

Eduardo Francés rebajando la madera de uno de sus instrumentos FOTO IGNACIO COLL

“A veces no tenemos planos ni imágenes de los instrumentos, ni sabemos cómo se tocaban. Y hay que investigarlo todo. Es complicado, pero apasionante”.”

Formones, gubias y cepillos asisten en silencio a la conversación, perfectamente ordenados en sus estantes. La paradoja del industrial convertido en artesano le hace sonreir. “No echo de menos la fábrica. Trabajar en esto me encanta”.

Termina la entrevista y el luthier posa con una viola. Pese a lo original de su trabajo, insiste en rebajarle algo de épica al asunto: “La gente tiene muy mitificada esta profesión – asegura– en parte por todo el asunto de los Stradivarius y las leyendas sobre su construcción. Nuestro trabajo tiene mucho de técnica, pero sí es cierto que hay algo emocionante cuando escuchas a un músico tocar un instrumento que ha salido de tus manos… Eso sí que es mágico”.

firmacoll

Texto publicado originalmente el 06 de noviembre de 2016 en El Día de Salamanca.

Día Salamanca_06 NOVIEMBRE 2016-2 Béjar-BUN_001

1
2 Comments
  • Helena
    agosto 1, 2018

    Todos los caminos confluyen en algún punto.. el mío con Eduardo fue el descubrimiento de ese instrumento que ahora es su devenir en la vida. De jóvenes aprendimos juntos a tocar el violín.. y he de decir que ya desde entonces tenía madera… luthier.. me encanta!!! Me alegro muchísimo que esta sea esta tu profesión y te deseo todo lo mejor..
    Mucho ánimo

    • Ignacio Coll
      agosto 3, 2018

      Gracias por tu comentario Helena. La historia de Eduardo es la de una pasión hecha realidad. Es un gran tipo que engancha por lo que hace y por cómo es. Lo digo con conocimiento de causa, porque Edu y yo nos conocemos desde muy pequeños.
      Un cordial saludo.

      Ignaxio

Responder a Ignacio Coll Cancelar respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *