Jordi Bascompte en la costa suiza

Por Miércoles, noviembre 25, 2015 0 , , , , Permalink 3

¿Conoce usted a Jordi Bascompte? ¿Ha oído hablar de las redes mutualistas? Si las respuestas son No y No, siga leyendo. Es un biólogo español de primera línea que investiga la relación entre los elementos que componen un ecosistema de cualquier tipo. El modelo vale tanto para estudiar la flora y fauna como para predecir los cambios en el sistema bancario internacional. Si por el contrario usted ya conoce al profesor Bascompte y su trabajo, no tengo que convencerle para que pase de este párrafo, porque sabe que estamos hablando de uno de los más brillantes investigadores de nuestro país.

Bascompte (Olot, 1967) participó el lunes pasado en la presentación de la nueva COTEC. Su elección para cerrar un acto en el que intervinieron el Rey de España y la exministra Cristina Garmendia no es casual. En menos de 15 minutos fue capaz de explicar qué es lo que hace, por qué y para qué sirve la investigación en redes mutualistas. Lo hizo con la ayuda de unas transparencias, de pie, y moviéndose sobre un escenario al que apuntaban 700 cabezas, algunas tan ajenas a la biología como su propia naturaleza se lo permite. Sin dedicarle más de 15 segundos a remarcar sus méritos académicos. Sin citar premios, publicaciones o a colegas, ni a autoridad académica alguna. Vamos, lo normal.

Siendo coherente con su estilo, obviaré su currículum y los méritos que adornan su trayectoria. De una manera bastante torpe puedo intentar explicar que el asunto de las redes mutualistas, que comenzó siendo un estudio sobre cómo las distintas especies interactúan en un territorio, combina trabajo de observación, tan propio de la biología, con la aplicación de algoritmos. Esto es así porque las relaciones entre detarminadas plantas y animales son modelos dinámicos, de forma que los cambios que se producen en los ecosistemas no son lineales. Para saber cómo van a evolucionar cada especie en función de la pérdida de hábitats, la explotación de los recursos o el cambio climático, entre otros factores, es preciso utilizar las matemáticas.

Donde otros verían caos y el peligro de echar a peder la tesis, el atisbó la posibilidad de asomarse a una nueva visión de la biología medioambiental”

Pero sí les diré que su trabajo ha trascendido el ámbito de la naturaleza, que ya es trascender, y que es aplicable al estudio del sistema bancario internacional, donde las entidades actúan como nodos de una macro red que se desarrolla en función de cómo se relacionan entre sí, y también en la organización de aeropuertos o de la propia Internet (analizando la relación entre un cojunto de servidores).

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Jordi Bascompte durante su intervención en la presentación de la nueva COTEC.

Tuve oportunidad de entrevistar a Bascompte hace cinco años, cuando él trabajaba en la Estación Biológica de Doñana, del CSIC. Me pareció un investigador brillante, porque era capaz de explicar su trabajo de una forma más o menos sencilla, haciendo el esfuerzo por traducir el lenguaje de la ciencia del latín clásico al romance. Y eso es algo que muchos investigadores ni hacen ni saben hacer.

Me contó también cómo había dado con esa visión innovadora de la biología tradicional, a partir de su contacto con físicos e informáticos durante sus años de doctorado. “Los biólogos somos buenos describiendo cosas, y para detectar diferencias entre especies y comunidades, mientras que los físicos son geniales buscando principios unificadores, propiedades invariantes, y a la hora de pensar en mecanismos”, me explicó. Y se quedó tan tranquilo.

Ese contacto con otras áreas de conocimiento le llevó, más allá de la curiosidad, a buscar la fórmula de aunar disciplinas en su proyecto de investigación, sumando la física y las matemáticas a la biología, con la inestimable ayuda de la informática. Donde otros verían caos y el peligro de echar a peder la tesis, el atisbó la posibilidad de asomarse a una nueva visión de la biología medioambiental. Le salió bien.

Redes mutualistas

Representaciones gráficas de las redes mutualistas estudiadas por Bascompte y su equipo.

La parte menos bonita de esta historia viene ahora. Tras recibir el Premio Nacional de Investigación, Bascompte aceptó una oferta de la Universidad de Zurich para desarrollar sus investigaciones en aquella ciudad. Se trasladó con todo el equipo, porque los suizos saben que lo del reloj de cuco no se le ocurrió a un genio solitario, y que para construir proyectos de éxito hacen falta comandantes, capitanes, suboficiales, tropa y marinería. Se fue víctima de un sistema de gestión de la ciencia obsoleto e injusto, que rizó el rizo haciéndole casi imposible disponer de los cuantiosos recursos obtenidos a través de una beca del ERC, la convocatoria más exigente y generosa a nivel europeo.

Cuando se apagaron los focos de la fiesta de COTEC, con el monarca camino de otro evento y el equipo de Jorge Barrero recogiendo todo el tinglado, pensé en si las redes mutualistas podrían usarse también para analizar el sistema de I+D español. Debí preguntarle eso a Bascompte cuando le saludé, en vez de insistirle en si se acordaba de la entrevista que le hice. Sería interesante aplicar todos los datos de que disponemos, desde la inversión a la producción científica, pasando por el uso y explotación de patentes, la creación de spin offs, la incorporación de investigadores extranjeros y la salida de los nacionales, a la generación de un modelo que permitiera analizar su evolución.

“Reconocer el carácter no lineal del cambio nos lleva a construir resilencia”, explicó el biólogo al final de su intervención, aportando un guiño de esperanza que enjugara el poso amargo de los datos que jalonaban su presentación. De forma que es posible revertir el desastre si, como ocurre en la naturaleza y también en nuestro sistema de ciencia y tecnología, los factores medioambientales se empeñan en no dejar títere con cabeza.

Y antes de despedirse, en su último minuto de gloria ante monarcas, empresarios y políticos, proyectó una imagen de su equipo completo con sus nombres, para reconocer que él capitanea un barco en el que trabaja mucha gente, que sigue navegando con éxito por otras latitudes lejos de Doñana. En la costa suiza.

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