Interferencias y disparos

El 23 de febrero de 1981 yo tenía nueve años y una cartera marrón que maltrataba con la alegría de estudiante de cuarto de EGB.

Vivía la feliz despreocupación de esa edad con mis padres y una de mis hermanas. Ajeno a todo lo que no fuera el fútbol, los cromos, los partidos después de clase, los que daban en la tele los sábados por la noche y el Estudio Estadio.

La tarde del golpe de estado llegué a casa del colegio y me encontré a mi madre cosiendo junto a una ventana para aprovechar la luz del atardecer.

De la radio, que estaba a sus pies, porque en Béjar se sintonizaban muy mal las emisoras y uno mismo tenía que hacer de antena para escuchar algo, salía una salmodia de nombres con bastante poca alegría. Múgica Herzog, Enrique; Muñoz García, Faustino…

En una secuencia mecánica que repetía a diario, dejé caer la cartera desde mi espalda hasta el suelo y le di un beso a mi madre. Todo en un solo movimiento.

Clock.

En ese mismo instante se interrumpieron los nombres, y el ruido comenzó a salir violento de aquel pobre aparato de marca Vanguard, con decenas de dígitos grabados sobre el cristal (aunque lo único que podía sintonizarse entonces en Béjar era Radio Cadena y Radio Nacional).

Mi madre miró a la radio y luego a mí, con algo a medio coser en las manos y cara de enfadarse.

“¡LE HAS DADO A LA RADIO CON LA CARTERA!”.

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Radio Vanguard

El 23 de febrero de 2014 Jordi Évole sacudió la placidez del domingo por la noche con un programa especial sobre aquel golpe de estado. Un falso documental en el que contó con la complicidad de algunos políticos y periodistas. Un docudrama filmado con la intensidad de una película de espías en el que se planteaba la alucinante propuesta de que todo lo que ocurrió aquel día estaba programado, y hasta ensayado, para evitar un golpe de verdad. Un juego arriesgado que le valió a La Sexta para batir su record de audiencia y a su director un chaparrón de felicitaciones y críticas.

Yo me lo creí a pies juntillas durante los primeros 15 minutos. Entonces un amigo me telegrafió por whatsapp la historia de Operación Luna,  y solo cuando vi al falso agente de la CÍA dando su opinión me pasé al escepticismo.

 

No aplaudí al final porque estaba solo en casa y no había nadie a quien contagiarle el entusiasmo”

No me indigné. Disfruté del resto del programa con la curiosidad de cómo se resolvería el paso de la ficción a la realidad. Y no aplaudí al final porque estaba solo en casa y no había nadie a quien contagiarle el entusiasmo.

Esa misma noche y los días posteriores leí muchas críticas a Operación Palace. Me sorprende la crudeza de algunos de los juicios, y no entiendo el argumento de que sobre el 23 F no se pueden hacer programas como ese. Aquel día no murió nadie, y el día 24 de febrero fue el primero de una democracia asentada sobre las cenizas del último intento cavernícola de devolvernos al blanco y negro. Se hicieron cientos de chistes sobre Tejero, en caliente, el episodio fue objeto de chirigotas y de disfraces carnavaleros, y con el tiempo aquel asunto ha dado para películas, documentales y libros tan estupendos como el de Javier Cercas. Ha pasado un tercio de siglo ¿cuánto tardan los graciosos profesionales en hacer chanzas de un muerto en un país en el que nos tomamos con humor hasta lo que no tiene gracia?

Leí a compañeros de profesión argumentar que Évole había perdido su credibilidad. No lo creo. Los medios más serios de este país han matado a gente antes de tiempo, publicado fotos de moribundos que eran otros y pergeñado conspiraciones terroristas que nunca han sido probadas. Évole ha querido acercarse a un episodio clave de la historia de España desde una perspectiva distinta, incluso eliminando su marca habitual (Salvados) del trabajo. Ahora le piden que desvele lo que nadie ha sido capaz de argumentar en 33 años. Continúo sin entenderlo.

En un momento en el que los medios de comunicación siguen buscando la puerta de salida de su propia crisis, lanzamos a la hoguera a quien se atreve a contar una historia distinta que tiene éxito”

En un momento en el que los medios de comunicación siguen buscando la puerta de salida de su propia crisis, que es mucho mayor y más seria que la económica, lanzamos a la hoguera a quien se atreve a contar una historia distinta que tiene éxito y que nos invita a pensar en la credibilidad y en la capacidad de los propios medios para fabricar noticias, reales o no.

No me parece justo. No me gusta. Oigo el ruido y creo que se equivocan quienes disparan hacia el periodista.

El 23 F de 1981, en el cuarto de estar de casa de mis padres, la cartera cayó a medio metro de la radio. El malentendido se resolvió a los pocos minutos, cuando agarrada al aparato y valorando los susurros y los silencios del narrador, mi madre se dio cuenta de que lo que parecían interferencias eran disparos, y de que el golpe de verdad no se lo había llevado la radio, sino toda España.

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4 Comments
  • Joe M. Gambiter
    noviembre 17, 2014

    Coll, te has marcado un articulazo. Queremos más. Enhorabuena.

    • Ignacio Coll
      diciembre 9, 2014

      Gracias por abrir el fuego amigo de los comentarios, Joe. El 23 F me impulsó a interesarme por la labor profesional de los periodistas, de los de TVE y RNE que ofrecieron las imagenes y el audio desde el Congreso, pero también del inolvidable José María García subido al techo de una unidad móvil de la SER, y la gran Rosa María Mateo, que leyó el manifiesto al día siguiente de Madrid.
      Un saludo desde Salamanca!

  • Pedro
    febrero 23, 2016

    Me sumo al elogio; gran articulo amigo.
    Yo mas o menos hice lo mismo que tu, casi seguro a la misma hora y el mismo orden con la diferencia que a continuación pretendía celebrar mi cumpleaños con mis primos en casa de mis tios. El cumple duro menos de una hora y cuando en la tele salio alguien muy serio contando cosas que ninguno entendimos salvo mi tia, a todos nos pusieron los abrigos y cada uno a su casa. Captamos lo serio y la urgencia del asunto aun sin entender casi nada. Un día inolvidable.
    No perdonare nunca a los mamarrachos de aquel dia que intentaran sepultar la democracia por la que tanta gente perdió tanto y porque me jodieran mi décimo cumpleaños…Digo!

    • Ignacio Coll
      febrero 23, 2016

      Gracias por el comentario Pedro. El 23 F está construido, también, de pequeñas historias como la de tu cumpleaños o la de la radio de mi madre. Es bueno recordarlas para mantener la meoria de lo que nos jugamos aquel día ¡Aunque fuéramos unos niños!
      Un abrazo.

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