I+D+C’s

Faltan seis semanas para las elecciones municipales y autonómicas, y entre gritos y susurros, anuncios de pactos y crujidos de partidos enteros, el martes conocimos las propuestas de una de las formaciones de moda, Ciudadanos, sobre I+D.

La verdad es que lo que han contado, lo que está en su web, es un esbozo, los trazos de un programa. Queda mucho para las elecciones generales, y la I+D no parece un elemento clave para ningún partido, aunque a todos se les llene la boca con la innovación como la palabra mágica que invocará al empleo y a la prosperidad general.

Pero Ciudadanos ha dicho cosas, y acierta al trocear sus propuestas y poner el foco, aunque sea unos minutos, en sus planes para el sistema español de I+D.

Bajo el epígrafe de Empleo, Albert Rivera y Luis Garicano plantearon cuatro ejes sobre los que modernizar el tejido productivo, la diversificación industrial y la inversión en sectores estratégicos como la energía y la sociedad de la información. Su plan es:

  1. Impulsar la investigación aplicada, involucrando más activamente a las empresas en los procesos de innovación.
  2. Potenciar los espacios de colaboración para la innovación, como los clusters.
  3. Atrayendo nuevos proyectos industriales a la Unión Europea.
  4. Y fomentando la creación de parques científicos y tecnológicos.

Instalaciones de la Plataforma Solar de Almería (Foto: PSA)

Tiene sentido. Pone el foco en el talón de Aquiles de nuestro sistema: la transferencia de conocimiento y la creación de tejido productivo en áreas de alto valor añadido vinculadas al desarrollo tecnológico. Las políticas de los dos últimos gobiernos ya apuntan a este modelo, desplazando importantes cantidades de recursos a la financiación de la I+D empresarial. La cuestión es que las empresas españolas, la inmensa mayoría, no quieren oír hablar de innovación. Les da miedo, no contemplan la incertidumbre propia de este tipo de procesos en sus planes a medio y largo plazo. Muchas acuden a las convocatorias del CDTI buscando financiación a buenas condiciones, pero el impacto de los desarrollos en sus procesos de producción, distribución y ventas no se corresponden con el esfuerzo y los recursos empleados.

Disponemos de universidades y centros de investigación muy potentes en ciencia y tecnología. Los rankings de publicaciones lo confirman. Pero falla el proceso de transferencia, precisamente desde el origen. Las OTRI nacieron estranguladas en un escenario normativo que no está diseñado para fomentar la relación con las empresas, y a su alrededor han ido surgiendo nuevas estructuras que a menudo han solapado sus funciones. Por otra parte, los estímulos y ventajas para que investigadores y tecnólogos tengan verdadero interés en llevar al mercado sus desarrollos no han acabado de dar sus frutos.

La cuestión es que las empresas españolas, la inmensa mayoría, no quieren oír hablar de innovación”

Hay un auténtico abismo que los anglosajones llaman “el valle de la muerte” empedrado con los huesos de los proyectos de investigación no aplicados. Los clusters, los centros tecnológicos y el resto de instrumentos de transferencia ayudan, pero no son suficientes. Por otra parte, los parques científicos y tecnológicos, creados con la alegría de los felices primeros años del siglo, sobreviven lastrados por los créditos con los que se financiaron, no siempre gestionados con la visión y la cintura necesarias para atraer empresas que generen valor, y en algunos casos, como el de la Universidad de Girona, directamente liquidados en concurso de acreedores.

Nos faltan mecanismos, estímulos y cultura por la parte de la oferta. Y eso no se arregla solo con dinero.

El resto de propuestas aparecen en el apartado titulado “Reactivación económica”, y aquí deslizan la cifra mágica del 3% del PIB para I+D. A los periodistas nos encantan las cifras, aunque sean relativas, pero a mí me parece un error presentar ese resultado como un objetivo en sí mismo, porque debe de ser la consecuencia de las políticas desarrolladas. Emplearemos más dinero en I+D cuando sea más atractiva para quien la genera y quien la desarrolla. Cuando se convierta en un elemento clave para el modelo de crecimiento de las empresas, y sea vista como una inversión y no un gasto.

Hay un auténtico abismo que los anglosajones llaman ‘el valle de la muerte’ empedrado con los huesos de los proyectos de investigación no aplicados”

En otro de sus planteamientos Ciudadanos apunta al factor humano, proponiendo incorporar al sistema a los mejores investigadores, y dotando a los centros los mecanismos y los medios necesarios para competir en el tablero internacional en el que se desarrolla la I+D. Estos dos elementos son clave, porque España adolece de sistemas efectivos que permitan captar a los mejores para aprovechar su talento y sus capacidades, cosa que hacen estupendamente países como Suiza y Singapur, que se pelean por reclutar a científicos de todo el mundo que mejoran sus sistemas nacionales y les hacen más fuertes. Y por otra parte, el régimen de organización de la mayoría de los centros de I+D es casi preconstitucional. Todo, desde las contrataciones a las compras, se rige por ordenanzas y reglamentos kafkianos, perfectamente ineslásticos. Un buen modelo está precisamente en Cataluña, donde desde hace más de quince años se ha apostado por un sistema diseñado para captar talento y facilitar las actividades de I+D. El modelo de llama ICREA.

Hay algún apunte más relativo a la participación de los grupos de investigación españoles en el programa Horizonte 2020, en el que en los últimos años estamos mejorando los porcentajes de retorno, y al papel de los centros tecnológicos, muy desiguales y con frecuencia demasiado pequeños para abordar grandes proyectos.

LHC (Foto: CERN)

Es una primera aproximación, pero suena bien. Y a medida que conozcamos el resto de propuestas es posible que comprobemos que muchas de estas ideas son compartidas por partidos de diverso signo y condición. También en esto convendría seguir el ejemplo catalán, ya que el planteamiento estratégico del último gobierno de Jordi Pujol en materia de I+D fue respetado por el tripartido, de manera que han encadenado quince años de buenos resultados sin cambiar de rumbo varias veces. En ese sentido, iniciativas como el Programa Ramón y Cajal de captación de talento y el sistema de compra pública innovadora, diseñados por el PP de Aznar y el PSOE de Zapatero, respectivamente, son buenos pilares sobre los que modernizar el edificio de la I+D en España sin car en la tentación de hacer tabla rasa una vez que se accede al poder.

Con pactos explícitos o sin hacer ruido. Con más recursos y mejor gestionados. Con más implicación del sector público y privado. Necesitamos pasar de las musas al teatro, impulsar el sistema español de I+D y aprovechar el potencial que está cristalizando en las spin offs, en las start ups, en los departamentos universitarios, los centros tecnológicos y los equipos de innovación de las empresas.

Bienvenidos, Ciudadanos. Hay remos para todos.

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