Gente grande en mundos pequeños

No hay certeza de que los caminos de Karl Popper y Arthur Miller se cruzaran directamente en algún momento de sus vidas, pero atendiendo a la teoría de los mundos pequeños, según la que todo individuo de este planeta mantiene una conexión con cualquiera de sus congéneres a través de no más de seis relaciones sociales, el divertimento de buscar el vínculo entre el pensador vienés y el dramaturgo neoyorkino a través de un solo contacto podría pasar, en un ejercicio puramente teórico, por el nuevo secretario de Estado de Universidades e Investigación.

Segoviano de origen, Miguel Ángel Quintanilla se formó como filósofo en Salamanca, ciudad en la que ha desarrollado la mayoría de sus actividades, que en los últimos 20 años se han turnado en su currículum profesional.

Inquieto hasta la extenuación, también de quienes le rodean, sus actividades en el campo académico han girado en torno a la Ciencia desde la perspectiva filosófica, sólidamente cimentada en una curiosidad impenitente que le llevó a poner en marcha la última iniciativa que ha desarrollado antes de incorporarse al ministerio: el Proyecto Novatores.

Con el filósofo vienés se cruzó en la elaboración de su tesis (Idealismo y filosofía de la ciencia: la epistemología de Karl Popper), que defendió en 1971 con Miguel Cruz como director y Gustavo Bueno formando parte del tribunal. A partir de ahí inició su carrera docente e investigadora, siempre vinculado a la Ciencia a través de la Filosofía. A finales de los 70 viaja a Bucarest para participar en una reunión internacional, y regresa con la amistad bajo el brazo de quien estaba llamado a ser su maestro: Mario Bunge, con el que unen tres décadas de trabajo.

Se convierte en senador en 1982, y en 1990 preside la Comisión Mixta Congreso-Senado de Investigación Científica y Desarrollo Tecnológico. Un año después es nombrado secretario general del Consejo de Universidades, cargo en el que permanece cinco años.

Su regreso a Salamanca provocó la puesta en marcha de una serie de proyectos que supusieron el germen del Instituto de Estudios de la Ciencia y la Tecnología, y tuvo tiempo, y ganas, de liderar el Programa Institucional de Calidad de la Universidad. Si alguien había previsto un perezoso retorno a casa se había equivocado, o no lo conocía en absoluto.

En 2002 se incorporó al equipo de gobierno de Ignacio Berdugo como vicerrector de Profesorado y Planes de Estudio. Y allí fue donde se cruzó con el autor de La muerte de un viajante el día en que Arthur Miller visitó la Universidad de Salamanca y él le recibió como rector en funciones. Un hecho poco relevante y casual en su carrera profesional. O tal vez no, porque existe otra teoría social que asegura que los líderes se atraen con idéntica fuerza a la que repelen a los mediocres.

Y si no existe esa ley, él debería habilitarla. Después de que reforme la LOU.

Si alguien había previsto un perezoso retorno a casa se había equivocado, o no lo conocía en absoluto”

 

Publicado en el número 3 Tribuna de la Ciencia, en junio de 2006.

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