Fronteras de la ciencia

El 17 de noviembre de 1944, con la II Guerra Mundial enfilando el final de un lustro de enfrentamiento global, el presidente de los Estados Unidos, Franklin D. Roosevelt, escribió al director de la Oficina de Investigación y Desarrollo Científico para pedirle un análisis sobre cómo aplicar los conocimientos desarrollados durante la contienda bélica en época de paz. “Tenemos ante nosotros nuevas fronteras de la mente –le escribió el máximo mandatario norteamericano en su misiva– y si nos adentramos como pioneros en ellas con la misma visión, intrepidez e impulso con que hemos librado esta guerra, podremos crear empleos y una vida más plenos y fructíferos”.

El informe de Vannevar Bush llegó a la Casa Blanca en el mes de julio del año siguiente. En la carta que acompañaba al documento, Bush ponía luz al plan del presidente Roosevelt de ganar la batalla de la investigación científica mundial: “El espíritu pionero aún conserva su vigor en nuestra nación. La ciencia ofrece un territorio en gran medida inexplorado para quien tenga las herramientas adecuadas para su tarea. Las recompensas de esa exploración tanto para la nación como para el individuo son grandes”.

Ese estudio ha pasado a la historia bajo el título de “Ciencia, la frontera sin fin”, y plantea los mecanismos políticos y organizacionales precisos para diseñar el desarrollo de la ciencia hacia los espacios inexplorados en los que hallar las respuestas a los problemas del siglo XX.

El autor del informe señalaba la importancia de los recursos al afirmar que “la rapidez o lentitud con que desplacemos cualquier frontera científica dependerá de la cantidad de investigadores altamente cualificados y capacitados que la exploren”. Y apuntaba directamente a la flexibilidad del sistema: “Es preciso eliminar los rígidos controles que hubo de imponer y recuperar la libertad de investigación y el saludable espíritu científico competitivo tan necesario para la expansión de las fronteras del conocimiento científico”.

Es preciso eliminar los rígidos controles que hubo de imponer y recuperar la libertad de investigación y el saludable espíritu científico competitivo tan necesario para la expansión de las fronteras del conocimiento científico”

La ciencia crece y se expande a la manera del Universo. Los avances científicos están determinados por un sistema internacional en el que el acceso a los resultados de sus predecesores o coetáneos sirve de base para nuevas propuestas, pero en el que interactúan múltiples factores, no sólo económicos o relacionados con los medios que la comunidad científica tiene a su disposición. Las políticas gubernamentales, los procesos de innovación vinculados al sector privado y la capacidad de los investigadores y de las organizaciones en las que desarrollan su actividad de acometer proyectos interdisciplinares señalan la dirección y la velocidad de ese viaje a las fronteras de la ciencia.

GTC (Foto: IAC)

¿Cuáles son los retos de la ciencia en el siglo XXI? No ha sido precisamente un visionario, sino un científico como John Maddox, exdirector de la prestigiosa revista Nature, el responsable de uno de los análisis más lúcidos sobre el particular, publicado bajo el título de “Lo que queda por descubrir”:

“Seguimos sin comprender el origen de la vida sobre la Tierra, por no hablar de la vida en otros planetas –explica Maddox– ni comprendemos con claridad la actividad de ciertos genes en el interior de las células, ni la causa u origen de las diferencias observadas entre las distintas especies (…) Nadie sabe aún cómo las neuronas son capaces de organizarse para configurar el cerebro funcional, ni el porqué los cerebros difieren entre si (…) y, a pesar de la creciente preocupación universal por la protección del medio ambiente y de las soluciones paliativas frente al deterioro medioambiental, es muy poco lo que sabemos en cuanto a la protección de las personas frente a enfermedades infecciosas como el sida, la malaria y las nuevas y virulentas cepas del bacilo de la tuberculosis”. Estos y otros problemas que la ciencia aún no ha resuelto dan lugar a nuevas tecnologías que vendrán dictadas por el devenir global, explica Maddox, y que pasan por el desarrollo de la ciencia informática y de los ordenadores cuánticos, desarrollados a partir de autoensamblado de moléculas sintéticas, al estilo de las redes neuronales. Los avances en el campo de la nanotecnología, las nuevas energías, la biotecnología y la propia neurociencia señalan el mapa científico del futuro.

La ciencia no está llegando a su fin, sino que está más cerca de su principio que nunca”

Y concluye: “Hay personas que sostienen que la ciencia ha madurado en el sentido de que todos los grandes e importantes descubrimientos se han materializado ya, y que lo que queda por hacer es ocuparse de los complejos, y a veces tediosos, detalles circundantes a esos descubrimientos. Pero yo sostengo que eso es absolutamente falso (…). La ciencia no está llegando a su fin, sino que está más cerca de su principio que nunca”.

Asomarse a algo que es posible que no exista requiere grandes dosis de audacia. En la investigación de frontera, la propuesta de nuevos descubrimientos suele hacerse desmontando todo o parte de entramado científico anterior. Sin tener ninguna certeza sobre si el siguiente paso se da o no en falso, lo que es seguro es que las propuestas de los pioneros van a resultar incómodas para el establishment de su área de investigación.

Cristóbal Colón es un ejemplo del modelo de que se aplica en la investigación de frontera. Fue capaz de obtener la financiación y el respaldo político para un proyecto refutado por una suerte de panel de evaluadores de la Universidad de Salamanca. El navegante estaba equivocado, quizás a sabiendas, respecto al tamaño del globo terrestre, pero su osadía y determinación le permitieron descubrir el sueño de todo explorador: un mundo nuevo.

El mismo camino, pero a través del aire, lo recorrió cuatro siglos después Marconi, al ser capaz de enviar ondas de radio desde la costa europea hasta la norteamericana desoyendo el criterio de los físicos y matemáticos, que sostenían que la curvatura de la Tierra hacía imposible una comunicación de este tipo. No contaban con la ionosfera. Probablemente Marconi tampoco.

LHC (Foto: CERN)

Las administraciones públicas han diseñado mecanismos ad hoc para el desarrollo de investigaciones de frontera, basados en la aportación de programas de financiación específica, la iniciativa de centros de alta investigación como el Gran Colisionador de Hadrones (LHC) o la Fuente de Neutrones por Espalación, y el fomento de la creación de equipos multidisciplinares. El objetivo es dotar al sistema de una masa crítica de científicos y tecnólogos que centren sus esfuerzos en la investigación de vanguardia.

La Unión Europea centró esos esfuerzos en torno al programa IDEAS, integrado en el VII Programa Marco y cuyo resultado más visible fue la creación del Consejo de Investigación Europeo (ERC), puesto en marcha en 2007. El ERC fomenta la investigación básica en la frontera del conocimiento, y sus dos principales instrumentos de desarrollo son las convocatorias para investigadores jóvenes y seniors, respectivamente. En Horizonte 2020 el desarrollo del ERC se integra en el pilar Ciencia Excelente, y cuenta con un presupuesto de unos 13.000 millones de euros para el periodo 2014-2020.

España cuenta también con mecanismos y herramientas diseñadas para favorecer el desarrollo de investigación de frontera”

España cuenta también con mecanismos y herramientas diseñadas para favorecer el desarrollo de investigación de frontera, a pesar de los recortes en el presupuesto. El más singular de todos es el Programa Explora.

Explora está integrado en el Programa Estatal de Fomento de la Investigación Científica y Técnica de Excelencia. En cada convocatoria financia propuestas de investigación imaginativas y radicales, cuya viabilidad se considera baja en programas convencionales, pero en las que sus gestores piensen que existen indicios que justifican acometer su exploración usando metodología científica.

Explora cuenta con un presupuesto de 5 millones de euros para financiar la fase de exploración de los proyectos en un plazo de entre seis meses y dos años. Según sus gestores, el 20% de las iniciativas presentadas se aprueban, y algunos de ellos tienen continuidad a partir de sus resultados en las convocatorias nacionales o a través del ERC. La mayoría de las propuestas proceden del estudio de materiales y de las tecnologías de la información.

El texto original apareció publicado en junio de 2010 como parte del número 1 de la Revista Lychnos, de la Fundación General del CSIC. Editado y actualizado en julio de 2016.

firmacoll

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2 Comments
  • Ildefonso Hernández Cervantes
    agosto 1, 2016

    Muy interesante este artículo “Fronteras de la ciencia”. Si asumimos que el avance científico-tecnológico es cuestión natural, y es parte de nuestra evolución, seguro que propiciamos un mayor interés por desarrollar nosotros mismos una infinidad de cosas que nos harán vivir mejor cada día. Esto parece que en nuestro México, sobre todo por parte de nuestro Gobierno, ni de broma se entiende ni se apoya. Las estrategias oficiales al respecto confunden lo científico-tecnológico con cuestiones de tipo “empresarial”, de “comercio” y de “negocio”. Por todo ello las patentes de invención otorgadas a ciudadanos mexicanos no se toman en cuenta en absoluto.
    https://youtu.be/ap4BWOiLK7E?list=PL770580C3A8670661

    • Ignacio Coll
      agosto 9, 2016

      Gracias Ildefonso por tu interés y tus comentarios. Lo que indicas no es propio solo de México. La visión que demuestran Roosevelt y Bush es poco común en el ámbito político. Durante la Guerra Fría la ciencia y la tecnología vivieron su propio pulso entre Occidente y los países comunistas, y los avances fueron espectaculares. La propia carrera espacial, que personas de una altura como José Saramago han cuestionado, propició avances sustanciales en el campo de la salud y de los materiales, por ejemplo, que no tardaron en llegar al conjunto de la sociedad.
      Muy interesante tu vídeo sobre el motor rotativo. ¡Adelante!

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