Estrellas de la investigación

A menudo buscamos en el firmamento respuestas a lo que ocurre a ras del suelo. El ser humano ha tenido desde su origen una relación muy especial con el cosmos, pasando de la creencia a la ciencia, de la astrología a la astronomía, y más recientemente a la astrofísica, sin dejar de admirarse por la mecánica celestre, sus normas y su influencia en nuestra vida.

Nos gustan las estrellas. Tanto, que utilizamos ese término para determinar a quienes descienden del cielo para triunfar en la Tierra. De forma que tenemos superstars en todos los órdenes, del deporte a la literatura, y de la medicina al cine. También en la ciencia.

Hace poco más de nueve años la Comisión Europea puso en marcha el European Research Council (ERC). Se trata de una organización internacional que financia proyectos de excelencia investigadora con cantidades que van de los dos a los tres millones de euros, por lo que se ha convertido en la auténtica Champions League de la I+D.

Resumiendo mucho, el ERC es el instrumento europeo que hace posible que los mejores científicos que trabajan en el Viejo Continente puedan llevar a cabo proyectos de  I+D de primerísimo nivel, dirigidos por  investigadores que no solo tienen un currículum brillante sino que, por encima de sus méritos académicos, presentan propuestas auténticamente innovadoras, rupturistas, diseñadas para avanzar en el desarrollo de nuevos descubrimientos que hagan avanzar las fronteras de la ciencia. Y lo hacen financiando proyectos de todas las áreas del conocimiento, sin cuotas por áreas, sin reparar en las organizaciones en las que trabajan los investigadores, ni en su edad. Ni en a quién conocen. Para ellos sólo importa el proyecto y las personas. Lo demás lo ponen ellos.

El ERC es el instrumento europeo que hace posible que los mejores científicos puedan llevar a cabo proyectos de I+D de primerísimo nivel”

Una de las claves para obtener estas ayudas es la entrevista personal que los investigadores solicitantes tiene que pasar ante un panel de evaluación. En no más de 10 minutos, y sin la ayuda de ningún soporte de imagen con los que ilustrar su propuesta, deben convencer a los evaluadores de lo bueno que es su proyecto y por qué debe recibir financiación.

Otra de las singularidades de estos proyectos es que se dan a las personas, de forma que si un investigador que ha obtenido una ayuda del ERC decide cambiar de institución, incluso de país, se lleva consigo el proyecto y el dinero.

Sobra decir el grado de competitividad que existe en cada convocatoria, en la que la tasa de éxito se sitúa en el 10%.

Gráfico histórico ayudas ERC por países hasta 2013

España tiene una buena representación de salida en esta Champions de la Ciencia. En 2014 fuimos el cuarto país en número de proyectos presentados, detrás de Reino Unido, Alemania e Italia. Sin embargo, en el histórico de ayudas concedidas caemos al séptimo puesto, superados por Francia, Países Bajos, Suiza e Israel.

En total tenemos a 130 de nuestros investigadores jugando en la Liga de las Estrellas. Los perfiles son muy diversos: jóvenes  que han defendido su tesis hace una década o menos, con ganas de crear sus propios equipos y de convertirse en líderes en su área de investigación (antes incluso de lo que les sugiere la biología y las normas no escritas de los departamentos universitarios y centros de investigación). También científicos consolidados que quieren arriesgar con un giro en su trayectoria profesional. Y seniors que encuentran en el ERC la posibilidad de llevar a cabo el proyecto de investigación soñado pero irrealizable (por falta de recursos) en su sistema nacional de I+D.

En total tenemos a 130 de nuestros investigadores jugando en la Liga de las Estrellas”

Conozco a dos investigadoras que han obtenido becas del ERC. Una de ellas, la ingeniera química Eva Martín del Valle, es la única que la ha logrado de entre todos los científicos de las universidades y centros de investigación de Castilla y León.

Hace unos días la profesora Martín del Valle explicaba a un grupo de investigadores de su universidad cómo logró el éxito. En esto, como en la Champions, cuenta la fase previa: Tras doctorarse en Salamanca, viajó a los Estados Unidos para continuar su carrera investigadora. Y con un segundo doctorado bajo el brazo, regresó a España para trabajar durante varios años en el departamento de I+D de una multinacional. Con esa experiencia aterrizó de nuevo en su universidad de origen hace poco más de una década, y fruto de lo aprendido en ese recorrido y de su contacto con investigadores del Centro de Investigación del Cáncer presentó un proyecto para la fabricación de microcápsulas que permitan lograr una mejor administración de los fármacos destinados al cáncer de pulmón.

Eva Martín del Valle, en el centro, junto a parte de su grupo de investigación (Foto: DICYT)

Eva Martín del Valle, en el centro, junto a parte de su grupo de investigación (Foto: DICYT)

Se trata de un propuesta innovadora, que supone un paso más en el desarrollo de nuevos mecanismos en la lucha contra la enfermedad. El planteamiento inicial nace del ámbito de la ingeniería, pero está orientado a resolver problemas que se desarrollan en el terreno biosanitario.

“Tras pasar la primer acriba, defendí mi proyecto ante un panel de 17 expertos. Algunos eran destacados ingenieros, pero también había especialistas en Medicina y Biotecnología que reforzaban el equipo evaluador. Salí muy contenta de la entrevista, porque fui capaz de transmitirles mi convencimiento de que el proyecto merecía ser elegido”.

Y tanto que lo hizo. El ERC financió su proyecto con 1’5 millones de euros. Una cantidad impensable en cualquier convocatoria de ayudas a nivel español.

Necesitamos a investigadores como Eva, y también el apoyo del sistema científico para conseguir que puedan acceder a la Copa de Europa de la Ciencia nuevos representantes españoles”

Es curioso el efecto que un reconocimiento de este tipo puede ejercer a nivel local. Eva Martín del Valle explica que, desde que obtuvo la ayuda del ERC, las cosas han sido más fáciles. En la relación de la científica con las autoridades de la cosa investigadora en España, la estrella que luce en su bata infunde respeto. La identifica como parte de un selecto club en el que se está por méritos propios. La eleva muchos metros sobre las cabezas del resto de sus compañeros, y la sitúa en la órbita de la ciencia excelente.

De lo que se trata ahora es de que eso mismo se traslade a toda la sociedad. Necesitamos a personas como Eva, y también el apoyo decidido del sistema de investigación para conseguir que puedan acceder a la Copa de Europa de la Ciencia nuevos representantes españoles.

Nos hacen falta científicos reconocibles y reconocidos. Es preciso darle la visibilidad que se merece a su trabajo. Pero lo cierto es que resulta difícil que reciban el interés que despertarían si hubieran obtenido el éxito en otra actividad.

La próxima vez que busquen estrellas, piensen también en ellos.

 

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