El tránsito (im)posible del periodismo a la política

Los pasillos del poder son más estrechos de lo que pudiera pensarse. Tanto, que quienes transitan por ellos se rozan con frecuencia. Chocan, se dan toques en el hombro, estrechan sus manos. Incluso se roban la cartera con cierta cordialidad. Así ocurre en el Congreso de los Diputados, pero también en parlamentos autonómicos, ayuntamientos, diputaciones y, en general, en corredores por los que vienen y van políticos que se entremezclan con oficinistas, ujieres, asesores y periodistas.

Los cronistas parlamentarios han jugado una especie de Champions League del periodismo desde tiempos remotos. Seguir la actividad de los políticos, compartir con ellos plenos, acuerdos, intrigas, pasteleos y apuñalamientos de todo grado y condición, les confiere un estatus de primas donnas en las redacciones. Algunos experimentan una transmutación que les acaba llevando a incorporarse a los gabinetes de políticos. Otros, directamente, se convierten en miembros de la manada.

Esta segunda opción no es tan frecuente. Solo cinco de los 350 diputados que fueron elegidos en las elecciones de 2011 eran periodistas. Sin embargo, en las Cortes del último tercio del siglo XIX era habitual que plumillas de todo pelaje se incorporaran a alguno de los partidos políticos y fueran elegidos diputados o senadores, saltando con alegría de las redacciones al hemiciclo.

¿Es legítimo que un profesional de la información dé el paso para entrar en política y se presente a unas elecciones? “

¿Es legítimo que un profesional de la información dé el paso para entrar en política y se presente a unas elecciones? Digamos que no ha estado muy bien visto en la historia reciente, por obvias que sean las inclinaciones ideológicas del interesado. En el año 2004, cuando el entonces periodista de COPE Luis Herrero anunció que dejaba la emisora para presentarse como eurodiputado en las filas del PP, le llovieron toda suerte de maldiciones y malos augurios de algunos compañeros de profesión.

Los cambios en el panorama político español están contribuyendo a que ese tipo de situaciones se den con mayor frecuencia. Periodistas que en algún momento cruzan el Rubicón y se hacen protagonistas del discurso político. Es el caso de Irene Lozano que ejerció la profesión en El Mundo, El País y ABC antes de escuchar los cantos de sirena de Rosa Díez y ser elegida diputada en la legislatura pasada (por UPyD) y repetir en las elecciones del 20 D por el PSOE. O el de Uxue Barcos, que llegó a Madrid como corresponsal de la ETB y cambió el micro de mano por el de mesa siendo diputada por Nafarroa Bai, y que desde hace unos meses es la presidenta de Navarra.

No son las únicas. La inconfundible Beatriz Rodríguez Salmones (PP), siempre en la fila posterior a los ministros en el Congreso, con su característica media melena plateada, trabajó como documentalista en El País antes de entrar en la cosa partidaria.

Tampoco es necesario explicar quién es Miguel Ángel Rodríguez (PP) que pasó de El Norte de Castilla a la política de la mano de José María Aznar, primero a nivel autonómico y posteriormente como secretario de Estado y portavoz en el Gobierno de España.

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Antonio Baños (CUP)

Un caso más reciente lo ha protagonizado el catalán Antonio Baños (CUP), periodista en El Periódico, La Vanguardia y RNE, entre otros medios, antes de encabezar la candidatura política de los independentistas asamblearios a la Generalitat.

Nos empezamos a acostumbrar a este viraje profesional que no sorprende en otros ámbitos (profesores de universidad, abogados, médicos, funcionarios…) pero que algunos compañeros de profesión continúan viendo con mala cara.

¿Por qué un periodista puede opinar abiertamente sobre política en una televisión pero no ejercer esa misma actividad?

¿Qué hay de malo en estas situaciones? ¿Por qué un periodista puede opinar abiertamente sobre política en una televisión pero no ejercer esa misma actividad? ¿Quién es más político, el que se presenta a unas elecciones y es elegido para trabajar en instituciones públicas o los que se sientan a diario en tertulias donde defienden sin pudor a partidos y partidarios?

Hay entre algunos periodistas un miedo atávico a dar ese paso y ser expulsados de la profesión (un escenario irreal, porque igual que a nadie se le pide un título para ejercer, nadie tiene la capacidad para negar la reincorporación de quien ha estado trabajando en otra cosa). Con la estructura tradicional de las empresas periodísticas que han funcionado hasta hace menos de diez años el problema podía entenderse, pero en el nuevo escenario en el que cada vez más periodistas trabajamos como freelance para distintos medios y organizaciones, ese temor desaparece.

Quizás por eso a escala local y regional ese trasiego también se está produciendo. En las elecciones del mes de mayo fueron muchos los compañeros que se presentaron para ser elegidos como alcaldes, concejales y parlamentarios autonómicos. Además de Uxue Barcos hay casos llamativos, como el nuevo alcalde de Ciudad Rodrigo, Juan Tomás Muñoz, corresponsal durante años de El Adelanto hasta que lideró la lista del PSOE al ayuntamiento mirobrigense la primavera pasada. No es el único. Rubén García de Andrés cambió los medios por la vara de mando el año 2o15 en Torrecaballeros (Segovia), también en las filas socialistas.

Los periodistas tenemos una serie de habilidades que encajan con una parte importante de la actividad política”

Los periodistas tenemos una serie de habilidades que encajan con una parte importante de la actividad política. Quizás no nos damos cuenta hasta que las aplicamos en algo que no sea contar noticias.

Por ejemplo, la gestión de la información. Buscar, organizar, priorizar y confirmar datos de diversas fuentes para usarlos de manera pública forma parte de la actividad periodística, pero también de la de quienes tienen que acceder a convocatorias de financiación para presentar proyectos o localizar legislación que afecta a distintos temas o territorios.

O las relaciones públicas. La política, especialmente la local, es negociar, estar en contacto con otras entidades, buscar acuerdos con terceros, localizar oportunidades, saber a quién recurrir para resolver un problema o pedir una opinión. Los políticos profesionales viven en la burbuja de su partido, pero quien ha tenido que informar sobre todo tipo de noticias y con los interlocutores más diversos,  tienen claro el valor de saber quién es quién y de tener la agenda actualizada.

La tercera es una obviedad, pero también es verdad: Los periodistas sabemos comunicar. Jerarquizar la información, administrarla, validarla y distribuirla en el circuito de la comunicación. Conocemos a quienes trabajan en los medios, y precisamente por venir de allí mismo sabemos cómo desarrollan su labor, desde los horarios a cómo funciona la cadena de mando. Saber generar los mensajes y cómo optimizarlos es algo que no está al alcance de muchos políticos.

También por ese conocimiento de la profesión, quienes pasan a desempeñar un papel de la administración pública son muy conscientes de los problemas del periodismo en relación con la política: las filtraciones de información a medios y periodistas concretos, el uso de la publicidad institucional, la aberración de las ruedas de prensa sin preguntas… ¿Suena ridículo pensar que pueden ayudar a cambiar algunas de esas cosas en su ámbito de actuación? Me resisto a creerlo.

El periodismo es una profesión maravillosa, pero no es la única para quienes nos dedicamos a la comunicación. Ser redactor en un medio y abandonar los bártulos por un tiempo para trabajar en la política está dejando de ser visto como una traición para convertirse en un movimiento bastante habitual. Y el camino de regreso tiene que ser, debe de ser, igual de normal.

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Luis Herrero (Es Radio).

Luis Herrero aguantó una legislatura completa en la Eurocámara. Fue uno de los parlamentarios con más visibilidad en los medios, pero la experiencia política fue agridulce, y al término de su mandato regresó a la radio. Nadie le recuerda su paso por Bruselas, ni falta que hace. Ha vuelto a su actividad periodística con naturalidad, con un grado de conocimiento mucho mayor de cómo funcionan los partidos por dentro y las instituciones. Quizás ahora sea un poco más descreído de la política, pero sabe mucho más de ella que cuando dejó la COPE.

Los últimos movimientos en Cataluña nos dejan a un periodista como presidente de la Generalitat: Carles Puigdemont, que ejerció como redactor jefe en El Punt y creó una agencia de noticias. Sabe de la importancia de los titulares. Sospecho que protagonizará muchos a partir de ahora.

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