El pacto de los birretes

Lo soltó Soraya Sáenz de Santamaría en el debate a cuatro como a la remanguillé: “Vamos a promover la reforma de las universidades españolas”. Y ahí quedó la cosa. Sin más explicaciones. Sin concretar. Sonó casi como una excentricidad entre los argumentos macroeconómicos, sociales y de modelo de Estado por los que discurrió la confrontación.

¿Es preciso reformar el sistema universitario español? Parece que sí. Los cuatro partidos que han obtenido mayor representación en las elecciones del 20D lo llevan en sus programas. Lo dice también el nuevo presidente de los rectores españoles, que acaba de ser elegido.

Hay aspectos en los que todos los actores del sistema ponen el punto de mira: la financiación, que arrastra un modelo que no le gusta a nadie; la disparidad de los precios, que llega a ser del doble para una misma titulación en distintas comunidades autónomas, y la internacionalización y desarrollo de políticas de calidad que mejoren la visibilidad de los campus.

Hay otros temas más espinosos: la selección del profesorado, la especialización por campus y el mapa de titulaciones, el sistema y cuantía de las becas, la gobernanza

El problema, el más importante, no está en el diagnóstico, sino en cómo se abordan los cambios”

El problema, el más importante, no está en el diagnóstico, sino en cómo se abordan los cambios. El sistema universitario español ha sido objeto de siete reformas legislativas a lo largo de los últimos 40 años: todas a iniciativa del gobierno y con la oposición en contra. Sin atisbo de pactos. Y varias en ocasiones, con el grueso de la comunidad universitaria en contra (cómo olvidar la imagen de los rectores manifestándose en las calles de Madrid en 2001).

Mientras se discute el futuro de pactos a los que pueden llegar, o no, los cuatro partidos hegemónicos, las universidades españolas abordan una nueva reforma con el cambio de titulaciones del modelo 4+1 al 3+2. Y asisten, con mayor o menos grado de preocupación, a un descenso sostenido del número de matrículas en los grados.

BibliotecaUR

Un grupo de universitarios a la puerta de la biblioteca.

¿Y si los políticos empiezan, ya, a reunirse y explorar el nuevo marco normativo de las universidades? ¿Serían capaces de sentarse y dibujar el escenario en el que coinciden sus propuestas para acordar un plan de mínimos? Los nuevos actores del Parlamento, Podemos y Ciudadanos ¿No quieren abrir la era de la nueva política? Pues tienen una oportunidad excelente para avanzar en una reforma necesaria en la que, ahora sí, será preciso un acuerdo para sacarlo adelante.

Pueden hacerlo. Todos cuentan en los niveles de decisión de sus estructuras con destacados universitarios que podrían entenderse en un proceso de debate abierto: María Jesús Moro, profesora de Derecho de la Universidad de Salamanca y voz cantante del PP en materia de educación superior. Ángel Gabilondo, exrector de la Autónoma de Madrid y ministro de la cosa en el último Gobierno del PSOE. El inevitable Luis Garicano, que trabaja como docente en la London School of Economics, por Ciudadanos, y Carolina Bescansa, profesora de la Complutense, en representación de Podemos.

Si de verdad estamos en un tiempo nuevo en la forma de gobernarnos, tal vez sería una buena idea que los políticos, viejos, nuevos y medio pensionistas, fueran entrenando con la reforma de la universidad. Y abrir la próxima legislatura con un acuerdo de Estado en esta materia.

Es difícil, por rompedor y por lo complejo del acuerdo, pero intentarlo es una opción razonable. Porque la otra, la que se atisba a lo lejos, igual no le va a gustar a nadie: Que Angela Merkel nos mande un recado y la reorganización de las universidades españolas se haga desde Bruselas.

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