El mantra de la innovación

La innovación va camino de convertirse en la panacea de todos los males y en la promesa del final de la crisis. O eso nos dicen. Subirse al carro de la innovación va a permitir a las empresas españolas superar el bache y asomarse a un nuevo modelo de crecimiento, en el que el valor añadido de productos y servicios va a ser determinante frente a factores como el precio o la distribución.

Manejamos el concepto de innovación como algo tremendamente sencillo, al alcance de cualquier empresa u organización con ganas de hacer cosas nuevas. Se rebaja el valor de lo nuevo, precisamente porque muchas de las cosas que nos presentan como tales no lo son.

Vivimos en la sociedad del conocimiento, en el que el control de los territorios y de las materias primas ha perdido valor en favor de las capacidades para acceder y gestionar los saberes que, a partir de la observación, el razonamiento y su estructuración, dan lugar a la ciencia y a su aprovechamiento tecnológico.

La innovación es la consecuencia práctica de ese proceso, la culminación con éxito de su aplicación a través de nuevos o sustancialmente mejorados bienes, servicios, procesos, métodos de comercialización u organizativos.

La innovación es un proceso sencillo de explicar pero muy complejo de llevar a cabo. Es costoso, porque las inversiones requieren de personal muy cualificado y de equipos caros, cuyo manejo y optimización precisan conocimientos avanzados. Solo se concibe a largo plazo, porque necesita tiempo para ofrecer resultados fiables. Y es, por definición, incierto, ya que en muchas ocasiones no concluye con éxito.

La historia del capitalismo está redactada por las empresas innovadoras (…) sobre los concursos de acreedores de quienes no supieron adaptarse a lo que los mercados les demandaban”

Y sin embargo, de la innovación depende, en muchas ocasiones, el futuro de las empresas a medio y largo plazo, porque permite poner en el mercado nuevos productos y servicios más eficientes, económicos, fiables, rápidos, durables… No en vano, la historia del capitalismo está redactada por las empresas innovadoras (Toyota, Bayern, Apple, Inditex, Nike, Siemens…) sobre los concursos de acreedores de quienes no supieron adaptarse a lo que los mercados les demandaban (Alta Vista, Nokia, Kodak, Blockbuster…).

Llevamos unos años bombardeando a propios y extraños con el lema “Innova o muere” y el argumento de que disponemos de un sistema de ciencia y tecnología consolidado y capaz de generar conocimiento de alto valor añadido. Lo recordó el presidente Rajoy hace unas semanas en México: España es el décimo país del mundo en producción científica (en publicaciones, se refiere). Y es cierto. El problema es que para que ese conocimiento genere beneficios directos en la economía hace falta su aplicación, y ahí es donde estamos bastante cojos (ocupamos el puesto 27 a nivel mundial).

No basta con pedirle al genio de la lámpara que nuestras universidades, centros tecnológicos y departamentos de I+D de las empresas incrementen el número y la calidad de las innovaciones para ser más competitivos. El mantra no funciona, y pasar de ser un país con una economía basada en el turismo y la construcción a otro en el que un número muy grande de empresas esté en condiciones de producir y exportar bienes de equipo y tecnología es un proceso que lleva varios años, décadas.

Disponemos de la base, la producción científica. Y tenemos la generación mejor formada de la historia del país (aunque algunos estén fuera). Nos falta que las empresas incorporen la innovación a su estrategia de desarrollo. Y necesitamos cambiar una cultura empresarial y social en el que los fracasos dejen de ser fosas abisales en las que enterrar a quienes se arriesgan a hacer cosas distintas.

firmacoll

 

 

 

 

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2 Comments
  • Belen Lanuza
    diciembre 22, 2014

    Ignacio, desde mi punto de vista, la innovación en España dejó de ser panacea hace mucho tiempo, desde el momento en que las grandes empresas comenzaron a descafeinarla, edulcorarla y convertirla en un concepto “light” susceptible de manejos a estilo lobby. El mérito está en los pequeños proyectos, de las pequeñas organizaciones, de los pequeños territorios, de las pequeñas financiaciones, que se plantean en entornos integradores y colaborativos, que -sin que el gurú de turno llegue a explicárselo-, crecen y crecen, y se hacen, fundamentalmente, útiles e imprescindibles. He ahí una verdadera panacea fuera del alcance de los dinosaurios.
    Felices fiestas y mi sincera enhorabuena por el blog.

    • Ignacio Coll
      diciembre 23, 2014

      Gracias Belén. Yo también creo que hay vida más allá de las grandes corporaciones y multinacionales que cuentan con divisiones de I+D. Con el modelo de innovación abierta, las pymes están llevando a cabo proyectos auténticamente innovadores, aunque en muchos casos sean invisibles o poco conocidos.
      Valoro tu opinión porque te sigo en las redes sociales y me gusta lo que compartes y tu visión de la innovación.
      Te dejo un pequeño ejemplo de un proyecto de innovación colaborativa como el que estamos hablando, y en el que he colaborado en su difusión.

      Tienes abiertas las puertas de este blog. Esto tendrá sentido si hay otras voces opinando y aportando ideas y visiones distintas.
      Un saludo y felices fiestas!

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