El IKEA de la robótica

Las impresoras en tres dimensiones (3D) han venido para quedarse. Y para hacer realidad cualquier cosa: desde piezas de máquinas y prótesis anatómicas hasta perchas, artículos de bisutería o carcasas para teléfonos móviles.

Tras su aparición, hace ya varias décadas, esta tecnología se ha popularizado en los últimos años a caballo entre el entretenimiento y su uso industrial, todavía a pequeña escala. El abaratamiento de los equipos y materiales, y la facilidad para acceder a la información necesaria para trabajar con este tipo de impresoras, han motivado su rápida expansión.

Todo eso lo sabe bien Sergio Márquez Sánchez, un ingeniero industrial de 25 años que apura estos meses sus estudios de máster en la Escuela de Ingeniería de Béjar (USAL). Aficionado desde pequeño a mecanismos y motores, cuando llegó la hora de dejar su instituto en Salamanca (el Venancio Blanco) y estudiar una carrera tuvo claro que quería hacer Ingeniería Técnica Industrial, y en concreto la especialidad de Mecánica de Estructuras. Desplazarse para ello a Béjar desde Salamanca no le importó, ya que parte de la familia de Sergio procede de esa ciudad, donde tiene varios parientes.

Educatibot ha conseguido dos premios de emprendimiento con los que ha financiado sus primeras actividades”

Mientras preparaba el proyecto fin de carrera se fue a Edimburgo para aprender inglés, y allí comenzó un máster a distancia sobre impresión 3D, algo que le llamaba la atención. De regreso a España tomó contacto de forma casual con Rockbotic, una empresa que se dedica a la robótica educativa, ofreciendo cursos de distintos niveles en centros de enseñanza y ocio.

Casi sin darse cuenta Sergio se vio dando clases a chavales en Salamanca. Tenía sentido, porque la robótica educativa está directamente ligada a la impresión 3D, ya que con frecuencia los elementos necesarios para ensamblar robots se crean con este tipo de impresoras.

Presentatibot, el robot de presentación de la empresa.

Precisamente dando clase para Rockbotic conoció a María Ruano, una ingeniera informática salmantina, quien le presentó a Guillermo Lobato, con el que ella había estudiado la carrera. Jóvenes, con ilusión por poner en marcha nuevos proyectos, y con perfiles compatibles, los tres diseñaron un robot para presentar en Robolid, un evento que se celebra en Valladolid. Y de esa experiencia salió algo más importante: La idea de montar un proyecto empresarial aunando robótica e impresión 3D.

“María es especialista en electrónica, Guillermo en programación, y a mí se me da bien el diseño. Enseguida nos dimos cuenta de que podíamos montar una iniciativa empresarial juntos, y nos pusimos a ello”, recuerda Sergio. Y no hubo más que hablar.

A lo largo de un par de años los tres jóvenes han dado forma a Educatibot, un proyecto empresarial que, antes de echar a andar, ya ha obtenido los primeros premios. La idea es ofrecer, a través de una plataforma on line, los conocimientos y la información necesaria para que los usuarios puedan montar un pequeño laboratorio de creación de piezas en 3D orientado a la robótica educativa. Para ello van a ofrecer formación, en principio pensada para personas que ya cuenten con unos mínimos conocimientos, y un kit de materiales necesarios para funcionar con cierta autonomía.

Uno de sus primeros encargos han sido recrear las tabas que componen el suelo del Convento de los Dominicos de Salamanca”

Trabajamos dentro del movimiento Maker: Hazlo tú mismo. Queremos que nuestra empresa sea vista como el IKEA de la robótica, para que los usuarios sean capaces de hacer realidad sus propias creaciones en 3D partiendo de los manuales, las piezas y los componentes electrónicos. Vamos a enseñarles a diseñar los elementos, a imprimirlos y a programar en Arduino para que los robots que fabriquen con esas piezas realicen las funciones para los que han sido creados”, explica el joven ingeniero.

Robot construido con Arduino (OOMLOUT, Flickr)

“Estar en el parque nos aporta muchas cosas –cuenta Sergio – porque además de ayudarnos en la parte legal y con todo el papeleo, la relación con otras empresas como la nuestra, de gente joven que está empezando, facilita la posibilidad generar sinergias y colaboración”.

En sus primeros meses de andadura, Educatibot ha llevado a cabo varios encargos con sus impresoras 3D para empresas y organizaciones de Salamanca. Lo más curioso, la reproducción de unas tabas (huesos de reses utilizados hace años como juego infantil) para restaurar un suelo del Convento de San Esteban en Salamanca, elaborado con los huesos originales, algunos de los cuales tuvieron que reemplazarse.

Pero mientras trabajan en pequeños proyectos a la carta para amortizar la inversión inicial (elaboración de llaveros, insignias… etc) esperan poner en marcha la actividad principal en tres o cuatro meses. “Los tres estamos estudiando, y queremos terminar con el resto de obligaciones para centrarnos en el proyecto. Si todo va bien, nos gustaría poder estar operativos antes del verano”.

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Texto publicado originalmente el 15 de enero de 2017 en El Día de Salamanca.

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