El futuro del periodismo está en el callejón de Rosa Jiménez Cano

Ayer asistí a una conferencia organizada por la Asociación Salmantina de Periodistas (ASPE). La invitada era Rosa Jiménez Cano. Es la corresponsal de El País en Silicon Valley, el epicentro de la innovación y la modernidad tecnológica mundial. Cuando estoy delante de profesionales como ella siempre me hago la misma pregunta: “¿Cómo ha llegado ahí?”.

Como había poca gente se la he planteado directamente, haciendo un requiebro que venía al caso, porque al comienzo de la charla explicó que hace años trabajó en Tribuna de Salamanca, en el suplemento de toros.

¿Cómo se pasa del suplemento taurino en un diario local a ser una de las mayores expertas de tecnología escribiendo en el diario más leído en español en todo el mundo?

Rosa Jimenez CanoLa respuesta está conectada con lo que comentó antes sobre tecnología, empresas, cambio climático, Trump y emprendimiento, porque en hora y media le ha dado tiempo a hablar de todo. Rosa Jiménez es una profesional inquieta, que se plantea su forma de trabajar y es capaz de adaptarse y sacar partido de lo que pueden ser consideradas desventajas. Y que para tener las cosas claras ha tenido que esforzarse, equivocarse, replantearse todo y estudiar continuamente.

Ha hablado también de periodismo, y de cómo la tecnología lo está cambiando. De los formatos audiovisuales como soporte emergente en medios como el suyo, donde, ha explicado, han tenido más demanda de publicidad asociada a contenidos en vídeo de lo que podían ofrecer. Y de la potencia del uso de los datos que el Washington Post está explotando desde la llegada de Jeff Bezos, con anuncios vinculados a los contenidos en función de los perfiles de usuarios, pero también de nuevas formas de negocio, como la venta de productos y servicios asociados a los gustos de los lectores (por ejemplo, entradas para el cine para quienes consultan los estrenos de la semana).

La moderadora, Elena Martín, le ha preguntado por el periodismo robótico, la generación de contenidos automatizada que ya es una realidad. Rosa Jiménez ha dicho que no le preocupa. Ella opina que los periodistas tenemos campo para generar contenidos de más valor, analizando todos esos datos y olvidándonos del modelo donde la base de la información es acarrear notas de agencias o de gabinetes de prensa a toda velocidad.

Rosa ha hablado del valor de la formación, pero añadiendo un matiz muy relevante: El estudio, el aprendizaje y los reconocimientos académicos son importantes, pero cobran valor cuando se supeditan a una actividad. Tener a miles de personas con titulaciones universitarias es un activo para el país cuando aplican lo que han aprendido. Si no, ese esfuerzo lo rentabilizan las naciones a las que acaban marchándose.

Por cierto, Salamanca es fantástica para personas inquietas que quieran aprender sin coste.  Cada día hay actividades como la conferencia de Rosa Jiménez Cano en la ciudad. Y eso es posible gracias a que hay personas y organizaciones que dedican capacidades, recursos y tiempo en organizarlas. Mi agradecimiento a ASPE, y al Casino por aportar un espacio a la altura de la invitada y del discurso. He escuchado decenas de conferencias desde que vine aquí, y esta ha sido de las más interesantes.

El periodismo robótico no le preocupa. Opina que los periodistas tenemos campo para generar contenidos de más valor”

Vuelvo a la pregunta que encabeza esta entrada: El tránsito de la tauromaquia al silicio, y de Salamanca a San Francisco. “Escribiendo de toros descubrí lo que quería y no quería hacer. Me gustaban y me gustan, es un mundo en el que todo es muy real y donde se forjan grandes relaciones. Pero me di cuenta de que se acaba en sí mismo. Nadie invierte en ese negocio, salvo los que forman parte de él, y como periodista, los ciclos de las ferias son iguales cada año. Sentía que estaba en una rueda, y siempre me ha gustado la tecnología. Decidí dejarlo y abrir otro camino”.

Una vez en El País, contó, habló con el director, Antonio Caño, para pedirle una reducción de horario que le permitiera cursar un MBA. “Quiero entender cómo funcionan las empresas”, le dijo. Y a su jefe le pareció bien, pero aprovechó la franqueza de la periodista para preguntarle dónde se veía ella dentro de cinco años. “En Silicon Valley –le soltó sin pensarlo–. Y la respuesta del director le abrió las puertas de su sueño: ¿Estarías dispuesta a irte ahora para allá?

Rosa está convencida de que para ganar la batalla de la comunicación en español a nivel mundial hay que estar donde pasan las cosas. Y en California pasan muchas. Y que lo que ella hace tiene un valor tremendo para las audiencias más jóvenes de México, Argentina, Chile y el resto de América Latina. Caño le pidió un proyecto para mandarla a los Estados Unidos y ella puso en negro sobre blanco su visión del periodismo del siglo XXI. Ese papel le valió un billete de avión al otro lado del mundo, pero sospecho que en él están también algunas de las claves del periodismo que viene.

Rosa Jiménez Cano se llama. Y pasó de informar desde el callejón de una plaza de toros a entrevistar a los empresarios más poderosos del mundo.

No la pierdan de vista.

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