El futuro de Béjar, a la carta más alta

El arranque del siglo XX fue una época compleja en España. El país se hallaba deprimido tras la pérdida de las últimas colonias de ultramar, agarrotado en la parálisis de un marco político inestable, heredero del turnismo de la Restauración y preso de un sistema caciquil, aspectos a los que se unían, y a la vez alimentaban, los problemas sociales, las tensiones en el Ejército, el ascenso del movimiento anarquista y de los nacionalismos periféricos.

Béjar no era ajena a esa situación de inestabilidad, que a nivel local se agravaba con los problemas arrastrados por una importante crisis de la industria textil de finales del XIX, una de cuyas consecuencias fue la pérdida de un 20% de la población[1]. Con un índice de analfabetismo del 57% y malas expectativas laborales, los enfrentamientos y tensiones entre obreros y patronos, pero también entre los propios trabajadores, e incluso los problemas derivados de las rivalidades locales con municipios del entorno, hacían necesario que las autoridades y las fuerzas vivas tomaran la iniciativa para paliar esos problemas[2].

Béjar no era ajena a esa situación de inestabilidad, que a nivel local se agravaba con los problemas arrastrados por una importante crisis de la industria textil de finales del XIX”

La casualidad quiso que, hace unos meses, en la búsqueda de información sobre otro tema, encontrara dos documentos históricos que ilustran la situación de Béjar en la primera década del siglo XX. Se trata de dos cartas enviadas por el Ayuntamiento y la Cámara de Comercio al ministro de la Guerra y al presidente del Consejo de Ministros, respectivamente.

La primera de ellas está fechada el 7 de febrero de 1903. Se trata de un documento de tres páginas escrito a mano, sellado con un timbre de una peseta y con registro de entrada en el Ministerio de la Guerra del día 24 de febrero. Su contenido es monotemático, ya que se trata de una solicitud al ministro, en aquel momento Arsenio Linares Pombo, para que no se desmantele la guarnición militar que permanece en la ciudad.

Los argumentos del alcalde, José Mérida, permiten dibujar el mapa social del Béjar de aquel momento, que el munícipe explica con detalle:

Sabido es que los pueblos fabriles como este en el que existen millares de obreros, las huelgas se suceden con frecuencia, y como en plazo muy corto termina el contrato que hoy rige entre los patronos y el gremio de tejedores, que es el más numeroso en estas fábricas, de temer es que al finalizar ese contrato se promueba (sic) la huelga más importante de cuantas hasta ahora han ocurrido”[3].

“Por otra parte –apostilla el alcalde bejarano- es casi seguro que el próximo Otoño se susciten nuevos y grandes conflictos entre este vecindario y el de la inmediata Villa de Candelario, con motivo del uso y aprovechamiento de las aguas del río Cuerpo de Hombre, que sirven de motor para todos los artefactos fabriles que constituyen la vida de esta población, y que ya en años anteriores hicieron necesaria la concentración de la Guardia Civil de toda la provincia y el envío del fuerzas del Ejército”.

Termina su escrito el regidor ofreciendo un cuartel acorde con las necesidades de la citada fuerza, que posiblemente fuera el antiguo palacio ducal, y encomendándose al certero criterio del ministro:

“Es gracia que no duda alcanzar de la muy digna autoridad de VE, a quien Dios guíe muchos años”.

La segunda de las cartas es una copia transcrita a máquina del original. Lleva también una póliza de una peseta, un sello de entrada de la Presidencia del Consejo de Ministros y la firma, el 7 de febrero de 1907, el presidente de la Cámara de Comercio de Béjar, Fernando Asensio.

Cuatro años después de que el alcalde solicite al Gobierno que no desaparezca la guarnición militar, el representante de actividad comercial e industrial se dirige a la máxima autoridad política del país exponiendo en dos páginas los problemas no solo de seguridad, sino también de servicios, infraestructuras, educación y actividad industrial de Béjar, para cuya resolución pide ayuda[4]. Su lectura es una fotografía escrita de la ciudad con un detalle que convierte la carta en un testimonio que por su valor se transcribe íntegramente:

 

Excmo. Sr. Presidente del Consejo de Ministros.

La Cámara de Comercio é Industria de esta Ciudad, en nombre y representación de sus asociados á V.E. dice:

Que suponemos a V.E. enterado del acuerdo que tomó el Consejo de Ministros presidido por el Exmo. Sr. Marqués de la Vega de Armijo, comisionando al de Fomento para que estudiase los medios que habían de adoptarse para remediar la precaria situación por la que atraviesa esta localidad, y como ignoramos si aquel ha entregado los trabajos que hiciera al del mismo Departamento que hoy preside V.E. por si no lo hubiese hecho repetimos la exposición elevada entonces para que en su vista pueda ordenar V.E. que se hagan los conducentes, porque el mal se agrava y repercute a toda la comarca, que sufre igualmente las consecuencias de nuestra decadencia y malestar.

Esto aparte de lo que le indicamos en otras exposiciones elevadas al entonces Ministro de Fomento sobre el servicio de correos, que tal cual está establecido perjudica mucho a la Región, e igualmente al servicio de ferrocarriles en esta línea transversal que, a pesar de su elevada tarifa de transportes y billetaje seguramente es de los peores de toda la Nación.

Prescindiendo de las causas primordiales por las que ha sucumbido la mayor parte de la industria lanera, primer elemento de vida en no lejanos tiempos, algunas pudiéramos detallar, y por si los informes que tuviera V.E. fueran insuficientes, nos permitimos enumerar los que creemos pudieran ser eficaces al fin que nos proponemos para subsanar en parte la falta de dicha industria:

 

  1. La construcción inmediata de los cuatro kilómetros de caminos vecinales concedidos por nuestra Excma. Corporación Provincial, con sujeción a los convenido el 18 de septiembre de 1903, y los restantes hasta llegar al pueblo de La Garganta, provincia de Cáceres, interesando al efecto a aquella Corporación provincial, o en otro caso que dicho pueblo se anexione a nuestra provincia y este partido judicial, a los cuales perteneció por espacio de siglos[5].
  2. El estudio y pronta construcción del pantano de Navamuño, que beneficiaría bastante a la inmediata Villa de Candelario, con lo que se evitarían muchos perjuicios y disgustos entre dos pueblos vecinos, borrado así rivalidades existentes que datan de lejanos tiempos, y en evitación de probables choques como el ocurrido hace poco tiempo.
  3. Que siendo preferidos los paños de esta fabricación para el uso del Ejército y la Armada, Guardia Civil y Carabineros, por su buena clase y sólido colorido, se sustituya el traje de lona o rayadillo, cuya primera materia no se produce en la Nación, sustituyéndole por un segundo uniforme de lana más ligero, que sirva para faena, ejercicios y campaña, así como para el uso en la época más suave del año, con lo cual se favorecería la riqueza pecuniaria y esta industria lanera.
  4. Que a todos los artefactos fabriles que se dediquen a la elaboración de novedades se les exima de tributos por un quinquenio lo menos, y por diez años a las fabricas que se establezcan para nuevas industrias.
  5. Que se autorice y subvenciones la construcción de una cárcel de partido, prescindiéndose del expediente para efectuarlo.
  6. Que igualmente se subvencione la construcción de una escuela municipal cuyos planos tiene el Exmo. Ayuntamiento, que por carencia de recursos no puede construirse dicha obra hace tiempo comenzada.
  7. Que la guarnición de esta localidad, que se compone de dos compañías muy mermadas, lo sea de un batallón completo con su plana mayor, según se ha ofrecido varias veces por las autoridades militares y los ministros del ramo.
  8. Que todos los juicios orales de causas de este partido judicial se celebren en la localidad, evitando con ellos gastos a estos habitantes y con el beneficio para el Estado y la mejor administración de justicia.
  9. Que habiendo estado establecida aquí la zona de reclutamiento y reuniendo la localidad condiciones inmejorables para su funcionamiento, se transmitan las oportunas órdenes para que se instale nuevamente.
  10. Que estando incluida en el Plan General de Ferrocarriles Secundarios la línea de Ávila a esta ciudad, se complete haciéndola una sola de aquella estación a la de La Fuente de San Esteban, pasando por los puntos que enumeramos en nuestra anterior exposición, con el fin de que haya compañía constructora, una vez reúne citada línea excelentes condiciones, y como el obstáculo que debe removerse está en nuestra provincia, de aquí el que dijéramos a V.E. aquella exposición si pudiera ser el caciquismo la causa de que suceda lo ocurrido que detallábamos en referida exposición[6].

Gracia que no dudamos en obtener de V.E. cuya importante vida guarde Dios muchos años para prosperidad de la nación.

 

El hecho de que tres de las diez demandas estuvieran relacionadas directamente con el Ministerio de la Guerra provocó que la carta de la Cámara se trasladase a dicho departamento. Y allí se custodia, en el legajo 86 de la 3ª división, sección 2ª, del Archivo General Militar de Segovia, compartiendo expediente con la otra misiva, la firmada por el alcalde. Ambas rubricadas exactamente el mismo día, 7 de febrero, con cuatro años de diferencia. Dos retratos de una ciudad que se desdibujaba y luchaba por sobreponerse al atraso, a la ignorancia, a la geografía. Avisos de un náufrago exquisito cansado de ver pasar barcos, pero sin fuerza para construir su propia balsa.

El azar, o quizás la diligencia de un funcionario, las reunió para siempre. Y la suerte, o tal vez el destino, me hizo encontrarlas a mí una mañana de octubre en una carpeta cubierta de polvo.

Desconozco si alguna vez les contestaron, aunque sí sabemos que la mayoría de las peticiones cayeron en el olvido o bien se ejecutaron muchos años después. Por eso, y porque la cortesía obliga, aunque venga de un tercero y con un siglo de retraso

Señores Mérida y Asensio, acusamos recibo.

 

Publicado en la Revista de Fiestas y Ferias de la Cámara de Comercio de Béjar en septiembre de 2013.

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[1] Del problema de la emigración en Béjar a principios del siglo XX da cuenta Ceferino García Martínez en el Centenario de la Cámara de Comercio de Béjar 1886-1986, en el que se reproduce una doble página publicada por Nuevo Mundo en 1906 titulada “Un pueblo en ruina. La emigración de Béjar”.

[2] Entre otros autores se refiere a estos enfrentamientos Jesús López Santamaría en Las Cinco Abejas. Béjar en el siglo XX. 2005, Centro de Estudios Bejaranos. Pág 127.

[3] No le falta razón al regidor, ya que ese mismo año 400 obreros se declaran en huelga durante seis meses. Lo recoge Javier Ramón Sánchez Martín en El cambio de uniforme militar y la crisis de los años 20 en Béjar. Revista del Centro de Estudios Bejaranos, número 7, 2003. Pág 113.

[4] Sobre el papel de la Cámara de Comercio de Béjar en las iniciativas de los industriales de la ciudad para presionar a los sucesivos gobiernos es muy ilustrativa la obra citada de Jesús López Santamaría, quien señala que “el grupo de fabricantes solió siempre recurrir al Ayuntamiento como última instancia, frecuentemente por medio de la Cámara de Comercio e Industria, institución obviamente en sus manos, como palanca de presión ante los podres gubernamentales para evitar ciertas normativas que herían sus intereses o para exigir remedios oficiales a los problemas de la industria”. Pág. 127

[5] Sobre esta carretera y el resto de comunicaciones de la ciudad es muy ilustrativo el artículo de JAM-Béjar en el especial de Navidad de Béjar en Madrid Las carreteras y el camino de hierro de Béjar, publicado en diciembre de 2010.

[6] Sobre esta línea férrea nunca construida hay abundante información en el artículo citado de JAM-BÉJAR y en el libro del Centenario de la Cámara de Comercio, Pág 74.

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