Dino Zoff y Robert Redford reparten cartas

En el verano de 1982 fui capaz de recitar de memoria la ficha de muchos de los jugadores que participaron en el Mundial de Fútbol. Mi padre se quedaba petrificado cuando me veía asaltar a las visitas para contarles de carrerilla el nombre, edad, lugar de nacimiento y club de los porteros de España (inolvidable Arconada), Inglaterra (elegante Shilton) y Alemania (brutal Schumacher). Pasaba más tiempo delante de los cromos de Panini que de los libros, y aquellos excesos me llevaron a ver algunos partidos de extranjis, en bares donde podía ser normal ver a un niño de 11 años entrar solo para tragarse un Kuwait – Checoslovaquia.

51tY5LGl+jL._SX396_BO1,204,203,200_De todos aquellos jugadores, una vez sobado y resobado el álbum, y memorizados tan inútiles datos, uno me llamaba entonces la atención precisamente porque se salía con mucho de la media: Dino Zoff, portero de la Juve nacido el 28 de febrero de 1942. El arquero que llevó a los italianos a ganar aquel mundial lo hizo con 40 años cumplidos.

Zoff era el padre en aquel mundial de pipiolos, una rareza objeto de reportajes curiosos. Sin ir más lejos, le sacaba 18 años a uno de los jóvenes defensas que aportaba a aquella selección el Milán: Franco Baresi, aunque a este, seguramente por imberbe, no el incluyeron en la colección de cromos.

Pasaba más tiempo delante de los cromos de Panini que de los libros”

Dino ZoffOtros cinco jugadores han disputado un mundial con más edad que el gran Dino. Uno de ellos, el portero Essam El Hadary, de Arabia Saudí, lo hizo en la fase final de Rusia 2016 con 45 años.

Ahora las carreras deportivas se alargan de forma invariable en todos los deportes. A la misma edad en que algunos recibían homenajes para después convertirse en narradores deportivos o entrenadores, ahora otros como la tenista Venus Williams o el ciclista Alejandro Valverde han alcanzado la gloria con grandes triunfos internacionales.

Hay quien achaca esta longevidad sobrevenida al cambio en los modos de entrenamiento, a las mejoras de la tecnología y de la medicina deportiva, y a una nutrición y cuidados más exhaustivos. Siendo todo ello bastante lógico, yo creo que esta elongación de las carreras tiene que ver, además, con el puro aumento de esperanza de vida, de modo que todos los tramos, empezando por la juventud, se prolongan con el beneplácito de todos. Y esos deportistas que durante todo el siglo XX dependían en un porcentaje muy alto de su capacidad y su estado de forma han ido sabiendo gestionar otras variables que les permiten peinar canas de corto: la experiencia y un conocimiento exhaustivo de la competición y de sus propias circunstancias.

En el deporte, y en la vida, también puede ganarse con una baraja gastada”

Quizás por eso una de mis películas favoritas sobre deporte es The Natural (El Mejor), con Robert Redford recreando la historia de una joven promesa del beisbol que, tras desparecer 20 años de la competición, resurge con sus buenas arrugas para hacer ganar la liga a una banda de perdedores. Un relato tan cuestionable como la elección de su protagonista quien, a pesar de rodarla con 48 años, firmó una interpretación espectacular.

¿Cuándo se es demasiado mayor para renunciar al éxito? ¿En qué momento alguien, o nosotros mismos, decidimos olvidar un proyecto porque la edad se nos ha echado encima? Cuando me lo planteo pienso en Dino Zoff en aquel mundial, atándose las botas junto a críos que bien podrían ser sus hijos. Y le recuerdo alzando el trofeo, el día de la final, en el Santiago Bernabéu, más mayor que el propio árbitro del partido, con el rostro serio de un señor de 40 años y la copa del mundo en sus manos.

En el deporte, y en la vida, también puede ganarse con una baraja gastada. Si tienes un as en la mano, da igual que el naipe esté algo cuarteado. Lo que no tiene remedio es que se acaben las cartas. O que te nieguen la revancha.

firmacoll

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