Bejaranas en los sucesos revolucionarios de 1868

A Belén, y al resto de mujeres valientes que lo fueron

Hace ahora dos años, en el lugar exacto donde se levantaba la Puerta de Ávila, junto a las lápidas de mármol que recuerdan a la Junta Revolucionaria y a los mártires de la libertad, Ana Sánchez White se preguntó en voz alta: “¿Dónde están las mujeres?”. Quienes la escuchábamos repasamos los más de 40 nombres de los protagonistas de los sucesos revolucionarios de Béjar grabados en las dos placas. Todos varones. Y el silencio fue la única la respuesta.

La duda de la periodista, invitada a hablar en el acto que cada año celebra la Agrupación Socialista para recordar el 28 de septiembre, abrió la puerta a la reflexión pública sobre el papel de las bejaranas en los sucesos revolucionarios que se conmemoran en esa fecha, y de las que, hasta ahora, no hemos tenido apenas rastro.

¿Dónde están las mujeres en la narración de lo que ocurrió en Béjar en aquella jornada revolucionaria? ¿Qué papel jugaron? E incluso la primera de las preguntas y más básica ¿Quiénes eran? ¿Conocemos siquiera sus identidades?

El incompleto relato de lo ocurrido en la ciudad en las últimas semanas del verano de 1868 prescinde de cualquier mención en femenino. Ni Béjar al vapor de los sucesos revolucionarios de 1868, la crónica en caliente de Juan Muñoz de la Peña, ni las reseñas en prensa que se publicaron al triunfar la revolución aportan mención alguna a las mujeres de la ciudad. Y la historiografía más reciente apenas ha aportado un par de nombres.

Dos años después de la pregunta con la que arranca este texto, resulta difícil dar respuesta, y sin embargo algo hemos avanzado. Pero antes de rescatar los primeros indicios de las revolucionarias bejaranas, miremos al conjunto de España y abramos el foco a los años inmediatamente posteriores.

En una historia protagonizada por hombres, resulta paradójico que el motor de la revolución fuera una mujer. O quizás no tanto. Isabel II, reina de España durante 35 años (1833-68) encarnaba todos los males que hicieron posible el acuerdo de los partidos políticos, el Ejército, la burguesía y la clase trabajadora para hacerla caer: La corrupción, el nepotismo, el atraso y la pobreza. Cuatro ases en la baraja con la abdicación y el exilio como premio para la monarca.

Curiosamente, el protagonismo del periodo que se inició en 1868, el Sexenio Revolucionario, se cierra con otra fémina, La Niña Bonita, imagen alegórica de la Primera República (1873-74) inspirada en la Marianne francesa. Frente a la figura de la reina convertida en crisol de todos los males surgió la representación beatífica de una mujer nueva, que porta las tablas de la ley en su diestra y levanta la balanza de la justicia como representación del recién estrenado régimen.

Ilustración de la Primera RepúblicaMerece la pena detenerse en su simbología: el gorro frigio que corona su cabeza en clara referencia a los procesos revolucionarios y de emancipación de Francia y los Estados Unidos, el vestido rojo que deja libre un seno para que alimente al pueblo, las alas de la victoria y el laurel alrededor de la testa. Hay también otros elementos interesantes en la imagen, incluyendo algunos que sugieren influencias masónicas su concepción [1].

El guiño simbólico a lo femenino se completa con el apelativo de Gloriosa con el que se denomina la revolución que da origen a todo el proceso, Y, sin embargo, en los estudios sobre lo ocurrido en septiembre de 1868 [2], a nivel nacional no encontramos una sola referencia a las mujeres. En este sentido, es sintomático el hecho de que entre las más de 300 referencias onomásticas que recoge Gregorio de la Fuente en Los revolucionarios de 1868, solo aparecen citas a tres: La reina Isabel II, su hermana Luisa Fernanda y Sor Patrocinio, conocida como La monja de las llagas, que tuvo una cierta influencia sobre la primera.

Ni una noticia de presencia femenina en las barricadas de Santander, Alicante, Alcoy, Granada o Béjar en 1868. Una omisión llamativa, si se tiene en cuenta que en las revueltas sucedidas durante el periodo inmediatamente posterior sí tenemos noticia de la actividad de mujeres, como la zaragozana Modesta Periú, que participó en la asonada republicana de 1869 en Madrid, lo que motivó su encarcelamiento, y la actividad de Concha Boracino y Francisca Gente, destacadas activistas en las revueltas cantonalistas de 1873 en Torrevieja y San Fernando, respectivamente [3]. Mención aparte merece la canaria Guillermina Rojas, que llegó a ser secretaria del Consejo Local de La Internacional en Madrid.

Al abrir el foco más allá del proceso revolucionario surge el nombre de Concepción Arenal [4], la periodista, escritora y defensora de las mujeres que elaboró la que puede ser una de las primeras publicaciones feministas del país: La mujer del porvenir, que vio la luz en 1869.

Tras el triunfo de la revolución, Arenal fue nombrada Inspectora de Casas de Corrección de Mujeres, coincidiendo con la creación en Madrid de la Asociación Republicana de Mujeres, dirigida por Carmen Munté y Carolina Barbana, que pronto se extendió a otras ciudades como Cádiz y Granada.

Al calor de las nuevas ideas, surgen organizaciones que agrupan a las mujeres que toman conciencia del cambio y de la oportunidad de avanzar hacia una sociedad donde su papel no se circunscriba a la familia y el hogar. Ejemplo de ello es la creación del Ateneo de Señoras en diciembre de 1868 en Madrid.

¿Por qué no tenemos noticia de la presencia de mujeres bejaranas en las huelgas y mítines que se multiplicaron durante la Primera República?”

¿Y en Béjar? Poco sabemos de la actividad femenina durante el Sexenio Revolucionario. Quizás, y esto es una hipótesis, las bejaranas centraban sus esfuerzos en las actividades fabriles que ocupaban a muchas de ellas, de manera que la familia y el textil no dejaban tiempo para emprender otro tipo de iniciativas de carácter intelectual. Pero dando esto como posible ¿Por qué no tenemos noticia de su presencia en las huelgas y mítines que se multiplicaron durante los meses de la Primera República, como sí ocurrió con las obreras textiles de Valladolid, Valencia, Sevilla y Málaga? [5]

Volvamos ahora al origen, al mítico 28 de septiembre de 1868, en el que Béjar jugó un papel destacado en el conjunto de los sucesos revolucionarios a nivel nacional, y del que a partir de los estudios de José Luis Majada hace años [6] se han ido sumando nuevas investigaciones generales o parciales [7], pero en los que apenas tres nombres han podido ser añadidos al relato de los sucesos bejaranos, hasta ahora.

4 París a sangre y fuego Jornadas de La Comuna (Luis Carreras)La fuente bibliográfica son las diligencias judiciales abiertas para resolver la matanza de civiles con la que acabó la jornada del día 28. Se trata de una causa iniciada apenas dos días después de los sucesos, el 30 de septiembre de 1868, a partir de la denuncia presentada en el Juzgado de Primera Instancia de Béjar a iniciativa de Domingo Guijo”. [8]

A lo largo del sumario, los fiscales y auditores toman declaración a más de 40 bejaranas y bejaranos que, uno por uno, dan su testimonio sobre los sucesos ocurridos antes, durante y después del enfrentamiento entre las tropas realistas y los paisanos armados, que, en número aproximado de 300, defendieron la zona amurallada de la ciudad, registrándose en la Puerta de la Villa los principales combates.

Por allí desfilan en un primer momento hasta siete mujeres, que declaran como testigos de los excesos cometidos en el Barrio de La Corredera (comprendido entre las actuales Plaza de España y Calle de la Libertad hasta el puente viejo). Todas ellas dan testimonio de lo que vieron y padecieron. Tres perdieron a sus maridos aquel día, y otra más resultó herida.

La primera en declarar ante el juez fue Manuela Martínez, natural de Oviedo, de cincuenta años de edad y vecina de Béjar, quien explica que en compañía de su esposo, Alonso Riestra, y una hija se esconden en la bodega de su casa, donde son localizados por los militares. La vivienda fue asaltada, “robándole cuanto tenían en casa con destrozo de muebles y papeles”, detalla la declarante, y Riestra asesinado a las pocas horas en el fusilamiento que tuvo lugar en el Puente Viejo.

Le sigue en su testimonio Cayetana de Los Ángeles, “natural de Salamanca y avecindada en esta población”, de cincuenta y tres años de edad. Ella, junto con su marido y su hijo Luis se refugió en la casa de la viuda Gabriela Grado, también en La Corredera. Cuando se presentan las tropas del Regimiento de Cazadores de Llerena, que fusilan a su esposo, Casiano Parra, siendo Cayetana pateada y víctima de varios culatazos de fusil al intentar impedirlo.

Juliana Trujillano, natural de la aldea de Santa Lucía, en Ávila, mayor de sesenta años y vecina de Béjar, explicó en el juzgado que junto con otras mujeres se refugiaron en la casa de Isidro Crego, una de las que registró mayores incidentes y en la que se instaló una compañía entera de soldados y guardias rurales, y narra cómo vieron que Jorge Moreta, “que no tenía ningún arma de fuego ni blanca en las manos” era asesinado por uno de los soldados de un certero disparo.

En parecidos términos a los de Cayetana de Los Ángeles se expresa la homónima de la reina, Isabel Borbón, natural y vecina de Béjar. Casada con Plácido Hernández, el día 28 “con su marido y su hija de 11 años buscó amparo en la casa de Isidro Crego”, siendo detenido aquel junto con Casiano Parra a la entrada de la tropa y fusilado en la calle, ante la resistencia mostrada por Isabel y su hija, “a la que maltrararon a golpes de carabina y la tiraron de los pelos”, explica en el sumario. En su emocionado testimonio, Isabel añade que asistió a todo lo acontecido con un niño de corta edad en los brazos.

Mención especial merece Tomasa Calzada, quien a sus 72 años permanecía enferma en la cama cuando su casa fue asaltada. En su relato ante el juez afirmó que la dispararon en la cabeza, y que tuvo que ser atendida en el hospital. Tampoco se libró del robo su domicilio: “Saquearon toda la casa en términos que hasta los cacharros más insignificantes se llevaron”.

Modesta García, casada y natural y vecina de Béjar, fue la siguiente en declarar en el juzgado. Cuenta cómo se ocultó con su madre y su hermana en su vivienda, que también fue asaltada, y perdió en el fusilamiento final a su cuñado.

De las ocho mujeres que comparecen ante el juez, solo una firma su declaración, la joven Álvara Arévalo”

Una de las bejaranas más jóvenes en comparecer en el proceso, Álvara Arévalo, soltera de 19 años y que residía con sus padres y dos hermanos, tuvo mejor suerte: Al estar refugiados en la vivienda sobre la tienda de comestibles que regentaban, y conocer a algunos de los soldados que tomaron la casa, no fueron violentados.

Junto a esas siete mujeres, el expediente judicial registra un nuevo testimonio tomado dos años después, en el verano de 1871, a Teresa Hernández, maestra de niñas en Navacarros y que lo fue de Vallejera en el momento de los hechos, casada y de 27 años. Ante el juez explica cómo la noche del 28 al 29 de septiembre de 1868 varios militares en retirada se alojaron en su casa, abandonando allí un dedal de plata y cinco gramos de oro que entregó al alcalde de Vallejera [9].

En el conjunto de los testimonios de civiles añadidos al sumario se mencionan también a otras mujeres, de las que solo se cita el nombre y, en algunos casos, la propiedad de alguna vivienda. Es el caso de Carmen Alonso, hija de Fernando Alonso; Camila Martín, sobrina de Cayetano Medina; Ramona Parra, propietaria de una vivienda en La Corredera; Teresa Trujillano, hermana de Juliana Trujillano; Genara Hernández, esposa de Urbano Purey y dueña de una casa; y las también propietarias Luisa Bruno y Rosa Chamorro.

Un dato complementario aporta una pista que puede ser interesante: De las ocho mujeres a cuya declaración he tenido acceso, solo una firma su testimonio, la joven Álvara Arévalo. De las otras se dice que no saben, y o bien no lo hacen o dibujan una cruz por rúbrica. La proporción es significativamente mayor a la de hombres que hacen lo propio, lo que da una pista sobre el desigual nivel de analfabetismo y, cabe pensar, esto dificultara la puesta en marcha de organizaciones e iniciativas de corte feminista a lo largo del Sexenio, como sí ocurrió en las localidades antes señaladas.

El estudio del sumario judicial abierto tras los sucesos del 28 de septiembre de 1868 aporta así la identidad y algunas pinceladas de las bejaranas que protagonizaron lo ocurrido. Es un punto de partida interesante que puede abrir la puerta a posteriores investigaciones que completen el relato de la participación femenina en los sucesos. Solo así, la historia podrá contarse de manera completa.

firmacoll

Publicado en la Revista de Fiestas de la Cámara de Comercio e Industria de Béjar en septiembre de 2018

[1] Llul, A. (28 de abril de 2013). Alegoría de la República Española. Arte e iconografía. Recuperado de https://www.arteiconografia.com/2013/04/alegoria-de-la-republica-espanola.html

[2] De la Fuente, G. Los revolucionarios de 1868: Élites y poder en la España liberal. Ed. Marcial Pons. Madrid, 2000

[3] Espigado Tocino, G. Mujeres radicales: utópicas, republicanas e internacionalistas en España (1848-1874). Ed Universidad de Cádiz. 2005. Pág. 34

[4] Un interesante análisis del impacto de la producción periodística y literaria de Concepción Arenal en Béjar puede encontrarse en el trabajo de López, Teresa. Una mujer del XIX. Concepción Arenal. Revista de Fiestas y Ferias de Béjar, 2017.

[5] Espigado Tocino, G. Mujeres radicales: utópicas, republicanas e internacionalistas en España (1848-1874). Ed Universidad de Cádiz. 2005. PP 34-35

[6] Majada, JL. Historia de Béjar. 1998. Páginas 208-217.

[7] El resumen más completo hasta la fecha es el elaborado por Antonio Avilés para la Revista del Centro de Estudios Bejaranos. Número 15. 2011.

[8] Archivo General Militar de Segovia Sección Justicia (Causas). Caja 5969 Expediente 47241

[9] La referencia a este suceso ha sido publicada por JAM Béjar en Auditorías de los sucesos ocurridos en Béjar el día 28 de septiembre de 1868. Revista de Fiestas y Ferias de Béjar 2017.

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