Aquel verano de 1867 en Béjar

Las efemérides se suman al calendario bejarano con tozuda exactitud. Algunas con más brillo que otras. Las más, de forma casi clandestina, sin dejar rastro. Puede que por desconocimiento, o todo lo contrario.

El verano de 2017 trajo ecos revolucionarios a Béjar que anuncian el aniversario del año que viene. Los sucesos del 28 de septiembre de 1868 no pueden entenderse sin tener en cuenta lo que pasó antes, el caldo de cultivo en el que se fue fraguando el levantamiento por el que la ciudad se abrió paso en la historia de las libertades, y que estamos a punto de celebrar, ahora sí, a través de la iniciativa de la Asociación Béjar 68.

Los finales de las historias largas suelen ser casi siempre tristes, decadentes, incluso trágicos. Así ocurrió con el reinado de Isabel II, que se prolongó más de 30 años en un descenso inversamente proporcional al deseo de los españoles por modernizar su país, y reducir la brecha del atraso y el aislamiento internacional en el que había caído.

La década de los 60 del siglo XIX encadenó movimientos populares de descontento que apuntaban en una única dirección: el cambio de rumbo de la nación, empezando por la organización de un poder que seguía en muy pocas manos (sin ir más lejos, en Béjar solo tenía derecho a voto y a ser elegidos menos del 1% de la población). Por su parte, la oposición política se unió en un inaudito acuerdo para derrocar a la reina a través del Pacto de Ostende, firmado en agosto de 1866.

A los problemas estructurales se iban sumando las vicisitudes temporales: Malas cosechas, subidas de precios de productos básicos, paralización y cierre de fábricas, protestas por la excesiva carga fiscal… Ingredientes que, sumados entre sí y sometidos al fervor revolucionario de los más exaltados, dieron lugar a levantamientos y altercados del orden público.

Fusilamientos del 25 de Junio de 1866 tras la sublevación de San Gil (Biblioteca de la Facultad de Derecho y Ciencias del Trabajo Universidad de Sevilla)

Una primera chispa revolucionaria se encendió en Madrid en junio de 1866, con la sublevación de los sargentos del Cuartel de San Gil. Allí, en la refriega fallida que se desarrolló en las calles de la capital, participó al menos un bejarano al que me referiré más adelante: Aniano Gómez.

Un año después siguieron sucediéndose nuevos pronunciamientos armados, varios de los cuales se concentraron durante el mes de agosto. Así, a comienzos de ese mes en algunas de las capitales de provincia de Cataluña y Aragón se registraron levantamientos puntuales que no contaron con un respaldo popular, huyendo sus responsables a Francia. En el resto del país la actividad fue escasa. En las localidades conquenses de Vara del Rey y Sisante una partida revolucionaria liderada por el republicano Froilán Carvajal se alzó en armas el día 26 al grito de “Viva la república”. Y poco más.

En Béjar, y a través del telégrafo, las noticias de los levantamientos de Cataluña y Aragón fueron seguidas por los más politizados”

Pero ese poco más apunta directamente a Béjar. Y aquí empieza la historia de lo que sucedió a finales de agosto de 1867 en nuestra ciudad, y de cuyo recuerdo se acaba de cumplir un siglo y medio.

Sabemos a través del relato de un revolucionario, Juan Muñoz de la Peña, que Béjar había vivido durante los años previos altercados y conatos de insurrección, coincidentes con los que tenían lugar en otras puntos de España. La ciudad, que había superado los 10.000 habitantes a comienzos de la década, tenía el caldo de cultivo idóneo para sumarse a los movimientos, más o menos coordinados, que se preparaban dentro y fuera de España, donde un hiperactivo Juan Prim organizaba la oposición a la reina desde su exilio en Londres.

Ese mes de agosto de 1867 también hubo movimiento en Béjar, y pronto, a través del telégrafo, que había llegado cuatro años antes a la ciudad, las noticias de los levantamientos de Cataluña y Aragón fueron seguidas con poco disimulo por los bejaranos más politizados.

Una parte de la historia la conocemos a través del relato de Muñoz de la Peña en Béjar al Vapor, pero otra, inédita hasta ahora, la encontramos en el expediente del proceso judicial al que sometieron a cuatro militares al término de los sucesos. Este documento, localizado en el Archivo General Militar de Segovia, ofrece datos desconocidos que complementan lo contado por Muñoz de la Peña.

Los sucesos se precipitan cuando Lucas Belloso le descerraja un tiro a Telesforo Herreros, oficial de la Guardia Rural”

Según esas fuentes, la última semana de agosto de 1867 otro destacado revolucionario de la ciudad, Domingo Guijo, convocó una primera reunión pública el día 24 en La Corredera para valorar la situación. Con la duda de si sumarse a las intentonas fallidas en otros lugares de España, los sucesos se precipitan el 25, cuando Lucas Belloso, un paisano a todas luces exaltado, le descerraja un tiro a Telesforo Herreros, oficial de la Guardia Rural al grito de “¡Viva Prim!” en un episodio aparentemente improvisado y falto de toda organización. En consonancia con su preparación, el disparo fue fallido.

Portada del expediente del consejo de guerra contra cuatro militares que participaron en los sucesos de Béjar de 1867 (Archivo Militar de Segovia)

El suceso provocó la inmediata detención de Belloso, y un día después la de Aniano Gómez, un personaje clave en la actividad política de Béjar en la segunda mitad del XIX, que acababa de llegar a la ciudad. Tras unas gestiones infructuosas para obtener la liberación de ambos, Domingo Guijo y Vicente Valle organizaron un alzamiento armado que tomó sin problema el cuartel de la Guardia Rural, en el que se contaban unos 60 efectivos, liberando a Belloso y a Aniano. Era el día 27.

A partir de ahí, los sucesos se aceleran, coincidiendo con la llegada el día 28 de una columna militar formada por guardias civiles y carabineros que, en número de 200, entraron en Béjar sin oposición y ocuparon el Palacio Ducal, que entonces funcionaba como cuartel, y la Iglesia de El Salvador. A esas horas la partida revolucionaria de Guijo y Valle, a los que se habían sumado Aniano y otros bejaranos hasta sumar unos 60, se había echado al monte.

El 29 de agosto, los militares decidieron seguir el rastro de los fugados, saliendo el grueso de la tropa en su búsqueda y quedando 70 guardias y tres oficiales como retén en la ciudad. Cuando esto ocurrió, los revolucionarios bejaranos que permanecían en el municipio tocaron las campanas de las iglesias. La llamada surtió efecto, y mientras en las calles se montaban barricadas, la partida de Valle, Guijo y Aniano regresó a la llamada convenida y puso cerco a los militares. Tres horas duró el enfrentamiento, en el que perdieron la vida tres guardias y varios resultaron heridos. Especialmente dificultosa fue la toma de la Iglesia de El Salvador, en cuya torre los uniformados se hicieron fuertes. Para conseguir que se rindieran, los sublevados quemaron pimientos en su base, de forma que la humareda resultante motivó su intoxicación y el abandono de las armas.

Tras la euforia de aquel mínimo triunfo, los rebeldes se hicieron con el control de la ciudad y se aprestaron a organizar la defensa, sabedores de que un contingente importante de tropas se acercaba para acabar con la insurrección y tomar de nuevo el mando.

Tenían razones para preocuparse, porque una columna compuesta por más de 1.500 efectivos de los cuerpos de infantería, caballería y artillería estaba a punto de llegar a Béjar, alertada por los sucesos de los días anteriores. Al conocerlo, los rebeldes acumularon armas, en número de unas 400, fortificaron las zonas clave con barricadas y se llegaron a desenrollar varias calles para utilizar las piedras como improvisados proyectiles.

Una comisión de ciudadanos, entre la que pudo estar el filósofo Nicomedes Martín Mateos, salió al encuentro de los militares, entrevistándose la noche del 29 al 30 con el brigadier Aguirre en Santibáñez de Béjar. Enterados de que si no se rendían las instrucciones de la tropa era tomar la ciudad por la fuerza y sin condición ninguna, los comisionados regresaron a Béjar, y tras un intenso debate se decidió deponer las armas y acogerse al indulto que se les ofrecía por parte de la autoridad militar.

Retrato del brigadier O’Ryan (La Ilustración española y americana Año XXXII. Núm. 23)

Se levantaron las barricadas, y en la mañana del 30 el Ejército entró en la ciudad “sin que se oyera ni un insulto”, cuenta en su relato Muñoz de la Peña. En días posteriores se unió al contingente de Aguirre una segunda columna de infantería y caballería a cuyo mando se encontraba el brigadier O’Ryan, que años después llegó  a ser ministro de la Guerra con Sagasta.

Terminaba así la semana revolucionaria bejarana que el profesor Mariano Esteban de Vega califica como “el ensayo general del 28 de septiembre de 1868” y que, si bien se saldó con el acuerdo y la ausencia de un enfrentamiento a gran escala, tuvo una serie de consecuencias de interés.

La primera de ellas fue el requisamiento del arsenal rebelde por parte de los militares desplegados en la ciudad, que se hicieron con 600 armas, lo que a la larga privaría a los bejaranos de contar con los pertrechos necesarios en los sucesos del 68.

Respecto al indulto, algunos de los revolucionarios más comprometidos se pusieron a salvo, mientras que otros decidieron acogerse al perdón. Entre estos últimos estaban Domingo Guijo, Vicente Valle, Leoncio Mora, Felipe Benito, Hilario Gómez, Manuel y Pedro Moreno, Lucas y Mariano Talón.

Cuenta Muñoz de la Peña en Béjar al Vapor que dos alcaldes, Eduardo Aparicio y José Esteban, fueron represaliados por aquellos sucesos. El primero sufrió prisión, y Esteban emigró a Francia para no correr la misma suerte. El mismo camino de la emigración emprendió otro destacado personaje bejarano que también fue alcalde, Vicente Ferrer Vidal.

No fueron los únicos que padecieron consecuencias directas. En Valladolid se abrió un consejo de guerra contra cuatro de los militares que se rindieron en los sucesos del 29 de agosto, en concreto Ramón Cienfuegos González, jefe de carabineros de la Comandancia de Salamanca; los tenientes Francisco Gómez del Castillo Luque y Felipe Fariñas Cabrera, y el alférez de la Guardia Civil Serafín García Sanz. El primero de ellos fue absuelto, siendo condenado a un año de prisión Gómez del Castillo, mientras que los otros dos fueron separados del servicio temporalmente. Declararon como testigos en dicho proceso varios bejaranos, entre ellos Melitón Sánchez, Inocencio Sánchez Cerrudo, Gabriel Anaya, José Antonio Calle y Juan Hernández.

Para evitar nuevas revueltas, la presencia militar en Béjar se incrementó de forma estable, permaneciendo en la ciudad una parte del Batallón de la Constitución al mando del brigadier Aguirre, que sería relevado más tarde por el Batallón de Cazadores de Llerena.

Para evitar nuevas revueltas, la presencia militar en Béjar se incrementó de forma estable”

Con el invierno se extinguieron los rescoldos revolucionarios. Aniano Gómez fue vigilado y meses después detenido y encarcelado lejos de Béjar. Otros significados ciudadanos fueron investigados, y varios sufrieron las consecuencias directas de su desafección al gobierno. El 7 de diciembre de ese año el diario El Imparcial da cuenta de los ceses de Joaquín Agero como administrador subalterno de rentas estancadas, Valentín Rodríguez como administrador subalterno de bienes nacionales, Inocencio Cerrudo de su puesto como administrador de correos y Bernardo Campo Yagüe como administrador de loterías.

El recuerdo de este episodio se fue borrando con el tiempo. Solo una calle de La Antigua rememora lo ocurrido en la fecha que le da nombre: 29 de agosto.

Aquellos sucesos tuvieron una importancia mayor de la que generalmente se les atribuye, ya que demostraron que los bejaranos estaban preparados para organizar un levantamiento armado en condiciones cuando la ocasión lo requiriera. El Gobierno tomó buena nota, reforzando la presencia militar en la ciudad y siguiendo los pasos de los cabecillas, pero el eco de lo ocurrido traspasó fronteras y llegó al conocimiento de la oposición en el extranjero.

Un año después, y protagonizado por casi los mismos personajes, aquel amago de insurrección popular cristalizó en uno de los episodios más relevantes de la historia contemporánea bejarana: los sucesos revolucionarios de 1868.

Nota: Para elaborar este artículo he usado como referencias principales el libro Béjar al Vapor, de Juan Muñoz de la Peña, pero también diversa documentación del archivo municipal, prensa de la época y el expediente del consejo de guerra referido, que permanecía inédito hasta ahora. Dicho documento está accesible en el Archivo General Militar de Segovia, en concreto en la Sección 9, Caja 1403 y expediente 10997.

firmacoll

Publicado originalmente en la Revista de Fiestas y Ferias de Béjar de 2017

Revista de Fiestas 2017 Béjar

 

 

 

 

 

 

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