Antonio Zaballos, el pintor de la multiplicación molecular

Antonio Zaballos Suárez es un artista bejarano muy conocido que ha desarrollado su actividad creadora a caballo entre Madrid y su ciudad natal. Su taller, instalado en los bajos de las instalaciones polideportivas de Palomares, al norte de Béjar, acaba de abrir sus puertas para mostrar no solo una parte de su trabajo (unos 40 pinturas, pero también algunas esculturas y grabados) sino también para ofrecer a quien le interese los secretos de las investigaciones que ha llevado a cabo en su carrera profesional, algunos sobre la luz, y otros sobre materiales, técnicas y pigmentos, fundamentalmente.

“A mi abuelo se le daba muy bien dibujar, y yo comencé con ello casi como un juego. Mi abuela nos decía que para que pudiéramos pedirle dinero para helados y cosas así debíamos hacer algo con lo que ganárnoslo. Por ejemplo, dibujos. Así hice yo mis primeros trabajos, con seis años, que le vendía a algunos vecinos”.

Los recuerdos de Zaballos se remontan al Béjar de la década de los 60, cuando con 13 años subía haciendo auto stop a Candelario y pintaba acuarelas que vendía allí mismo por 200 pesetas. Conserva una de ellas, que es la pieza más antigua de la exposición. En 1969 tomó la decisión de dedicarse por entero al arte. La noticia no sentó nada bien en su casa, pero estaba decidido. Compatibilizó los estudios nocturnos con el trabajo en la fábrica de Yuste y con 18 años se fue a Madrid, a aprender.

“Tuve la suerte de tomar contacto con Benjamín Palencia, mi primer maestro, quien me enseñó algunas cosas. Decía algo que nunca se me ha olvidado: ‘A pintar se aprende pintando”.

Allí se incorporó a un grupo de surrealistas, y pintando se ganó la vida, vendiendo sus creaciones en El Rastro “menos dos días y medio que tuve que repartir butano y conseguir el dinero para comprar los materiales necesarios para pintar un encargo de gran tamaño”, recuerda con una sonrisa.

Siguió formándose y aprendiendo, y en ese proceso se trasladó a París, en 1981. “Allí me sentí como un pintor de pueblo. Me di cuenta de que no sabía nada”.  Tras ganarse la vida haciendo retratos en la calle, recaló un tiempo en Cordes sur Ciel, un hermoso pueblo del departamento de Tam donde se inició en la investigación como base de su desarrollo artístico.

Tuve la suerte de tomar contacto con Benjamín Palencia, mi primer maestro, quien me enseñó algunas cosas. Decía algo que nunca se me ha olvidado: ‘A pintar se aprende pintando”.

Aprendió a pintar sobre seda, escenografía, grabados… Pero su inquietud le arrastró de nuevo hasta España, a Salamanca, donde fue alumno de la Escuela de San Eloy. Y de ahí de nuevo a Madrid, donde abrió un estudio que compatibilizó con el de Béjar hasta el año 1996, en el que se instaló definitivamente en su ciudad natal.

A Antonio Zaballos su inquietud le ha llevado a investigar sobre los materiales con los que trabaja. “En Francia empecé con lo que yo llamo multiplicación molecular de los pigmentos, metiendo resinas al óleo para hacerlo más líquido y multiplicando por 10 los matices de los colores”.

Antonio Zaballos observa un grabado en su estudio FOTO IGNACIO COLLLas obras que tiene expuestas en su taller, ahora centro de investigación artística, dan fe de ello. Los matices de los óleos, acuarelas y grabados presentan una variedad de tonos de gran viveza. “Eso no puedes obtenerlo utilizando los pigmentos industriales”, señala orgulloso. Para obtener esos colores, experimenta con los materiales que la naturaleza le ofrece: la tierra, los minerales, las plantas, e incluso setas, fabricando con ellos sus propios pigmentos.

De entre todos los trabajos, que siempre elabora en series, llama la atención algunas creaciones que elaboró en su anterior taller, situado en la zona de Los Pinos. “Empecé a estudiar la luz, cómo se reflejaba en el suelo, cómo cambiaba al pasar por una parra, cómo se modificaba usando espejos. Me maravillaban los círculos de colores que veía, y quería saber de dónde salían. A esa investigación le dediqué dos años, pero los resultados son impresionantes”.

Para obtener esos colores, experimenta con los materiales que la naturaleza le ofrece: la tierra, los minerales, las plantas, e incluso setas, fabricando con ellos sus propios pigmentos

Su obra se desparrama traspasando la puerta física del taller, y algunos cuadros se exhiben en el exterior. “Quiero que la gente venga a verme, personas interesadas en el arte, en la creación”. No quiere oir hablar de publicar sus investigaciones, pero le da pena que todo su trabajo desaparezca. “Me gustaría poder enseñar a alguien que tenga interés e inquietud por aprender todo lo que he desarrollado en estos años, porque son cosas que no pueden aprenderse en ninguna facultad o escuela. Alguien que esté verdaderamente interesado en la pintura”.

Para ello ha creado el Centro de Investigación Artística Antonio Zaballos.  Y ahora anda buscando discípulos. Por eso cada mañana abre la puerta de su taller, saca algunas de sus obras al exterior y acoge con una sonrisa a quien se acerca a verle. Han pasado casi 50 años desde que tomó la decisión de dedicarse por entero al arte, y tras un periplo de conocimiento, ha regresado a casa. Y  ahora busca culminar su carrera compartiendo lo que ha aprendido.

En Palomares, bajo una gorra blanca y brillante, les espera.

 

Publicado originalmente el 30 de octubre de 2016 en El Día de Salamanca.

miniatura antonio zaballos para blog

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