50 años del segundo premio del Sorteo de Navidad en Béjar

Las Navidades de 1968 no se olvidan en Béjar . Ese año el gerente de Seguros Santa Lucía repartió en la ciudad y comarca el equivalente a 35 millones de euros a través del segundo premio de la lotería de Navidad, que vendió íntegramente. Es el más importante obtenido en la provincia de Salamanca en toda la historia del sorteo.

Fue un sorteo atípico, entre otros detalles porque hacía el número 150 y porque no se celebró el día habitual, sino uno antes, al caer el 22 en domingo. Coincidió, además, con el lanzamiento de la misión Apolo VIII a la Luna.

La crónica de la agencia de noticias CIFRA recogió todos los detalles con puntualidad de reloj suizo: Se repartieron 4.340 millones en pesetas, salidos de la combinación mágica de números y premios que giraban dentro de los dos bombos dorados del salón de sorteos, en Madrid. A las 9:27 los niños de San Ildefonso comenzaron a entonar las primeras tablas, pero el primero de los gordos, que fue el segundo premio, se relajó perezoso hasta las 11:24.

 51022: 250 milloneeeeeeeeees de peseeeeeeetaaaaaaaaas.

loteria_navidad_1968El número se había vendido entero en la administración número 36 de Madrid, junto a la Iglesia del Carmen. Cuando los periodistas llegaron para pescar las tradicionales historias de alegría desmedida a la puerta del local, se encontraron con la sonrisa agridulce de la propietaria, Josefina Ayoso, quien les indicó que las 10 series del número las había vendido, íntegras, a unos señores de un banco.

Era el Banco de Béjar, con sede principal en la Calle Sánchez Ocaña 10 (actualmente, la tienda de moda Claros), fundado por la familia García Cascón y posteriormente integrado en Rumasa.

Béjar tenía banco pero no administración de loterías, así que cuando Jesús Gómez Moreno decidió, unos años antes, comprar un número entero del sorteo de Navidad para vender entre los clientes de los seguros Santa Lucía, recurrió a ellos.

Jesús Gómez Moreno repartió en Béjar el equivalente a 35 millones de euros en la Lotería de Navidad de 1968″

Jesús llegó a la ciudad con 24 años siguiendo a su padre desde Salamanca. Habían conseguido la representación de la aseguradora en Béjar en 1946, y una vez asentados decidieron que sería una buena idea ofrecer participaciones de la lotería entre sus asegurados.

“Era un  tema comercial, una atención que se les ofrecía a los clientes sin recargo. En Navidad comprábamos un número entero y hacíamos participaciones para vender al por menor”, rememora en la actual sede de la compañía aseguradora en Béjar, que ahora dirige su hijo Juan Pedro.

Pero para conseguirlo lo mejor era contar con el Banco de Béjar, que hacía la misma operación de marketing entre sus impositores con su propio número. De forma que Leopoldo de Luis, el director de la entidad bancaria, le compró a la lotera de la Calle del Carmen de Madrid dos números completos, y le endosó a Jesús Gómez el que menos le gustaba a él, el 51022. El del premio.

Jesús Gómez Moreno con un décimo

Eran 10 series en total, todas las que se hacían por número entonces. Mucho dinero. “No recuerdo cuánto nos costó, quizás 100.000 pesetas”, va desgranando Jesús, que tiene un aspecto inmejorable, una potente memoria y 95 años. Y no se equivoca: Cada décimo costaba 1.000 pesetas, y hay 10 por serie, así que el asegurador tuvo que adelantar las 100.000 rubias de su bolsillo.

Hecho esto, los Gómez encargaron a una imprenta participaciones de 25, 50 y 100 pesetas, y los comerciales que tenían en la ciudad y los pueblos comenzaron a venderlas con alegría.

O quizás no tanta. A medida que se acercaba el día del sorteo Jesús veía como muchas papeletas permanecían en sus manos, y sin capacidad de devolver nada a la administración. Un generoso número fue ofrecido a varios bares y restaurantes de Béjar, que lo pusieron a la venta entre sus clientes. La Terraza,  Sol, Español, Biarritz, Farol, Cubino… La hostelería echó su cuarto a espadas.

Pero el asegurador seguía con mucho papel en la oficina. “Siempre sobraba, nos veíamos negros para venderla entera”. Por eso el día 20 su cuñada Flori Caselles y dos amigas salieron a la calle para echar el resto. Prácticamente liquidaron las participaciones.

El círculo de la suerte se cerró a la mañana siguiente, el 21 de diciembre de 1968. Jesús estaba trabajando, pero no siguió el sorteo por la radio, y cree recordar que le trajeron la noticia desde el banco. “Se formó un jaleo tremendo. La gente empezó a presentarse en la oficina, y en la calle había un barullo fenomenal”. Cuando la prensa descubrió que el segundo premio se había vendido en Béjar, localizaron a Jesús y empezaron las entrevistas, que atendió con toda la templanza posible en la central de teléfonos, junto delante de su local.

La suerte llegó también a Guijuelo, Candelario, Puerto de Béjar y Fuentes, entre otros municipios”

Los 250 millones de pesetas repartidos en participaciones se dividieron entre cientos, quizás miles de personas: Salieron a 62.500 pesetas para las de 25; 125.000 para las de 50 y 250.000 en el caso de las de 100. Actualizados al valor de hoy, 8.745, 17.542 y 35.144 euros, respectivamente.

Jesús Gómez Moreno atiende al Diario Pueblo tras repartir el premio FOTO NIFE

“Aquello fue un empujón importante para la economía local”. Quien lo recuerda es Ventura Velasco, actual presidente de la Cámara de Comercio e hijo de uno de los dueños del concesionario de SEAT en Béjar, Honorio. “De aquella se vendieron unos 130 vehículos, la mayoría 600 y 850, cuyo precio era de unas 65.000 pesetas”. Pero en el Garaje Honorio, asegurado en Santa Lucía, también jugaban todos. Y entre los hermanos Velasco se repartieron 250.000 pesetas.

Sin embargo, los grandes afortunados del comercio local fueron las tiendas de electrodomésticos. Radio Martín, Marbasan, Electrodomésticos Del Amo y Radio Velasco hicieron el agosto en pleno invierno, vendiendo centenares de televisiones, tocadiscos y lavadoras. La línea blanca fue la estrella esas Navidades.

Los días posteriores fueron la locura. “La gente se presentó el lunes 23 en el Banco de Béjar para cobrar. Algunos terminaban reingresando el premio en la cuenta, pero todos querían canjear las papeletas por billetes”, recuerda Francisco Nieto, cuyo padre trabajaba entonces en el banco, que tuvo que reforzarse con personal de la oficina de Salamanca, y obtener liquidez extra, para atender a los cientos de personas que blandían las participaciones de Santa Lucía en las manos, como un pasaporte a una vida mejor.

Con poco disimulo la prensa publicó la identidad de decenas de ganadores. Así sabemos que algunos de los premiados fueron el comerciante de calzado Antonio Sánchez, y la florista Carmen Serrada. Los millones también volaron hacia pueblos cercanos, donde Jesús Gómez tenía buenos clientes. Por ejemplo Santiago, el panadero de Baños de Montemayor, que llevaba 125 pesetas del número premiado. O el guijuelense Magín Sánchez, que compró 50 pesetas, y como él muchos otros paisanos de la villa chacinera. Candelario, Puerto de Béjar, Navacarros y Fuentes de Béjar también tocaron pelo en aquel sorteo.

Jesús se jubiló en el año 2000, y hasta entonces siguió vendiendo participaciones de Lotería. En 1968 le tocó un buen pellizco, porque tenía la prudencia de apartar algo para él. De hecho, parte del premio viajó a Salamanca capital, a través de las participaciones que le hizo llegar a su familia.

El Gordo de aquel sorteo, por cierto, cayó una hora después en Alcira.

 

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Reparto de premios en el Banco de Béjar.

Un despiste de 175.000 euros

Entre las consabidas anécdotas relacionadas con aquel premio destacan tres.

La primera la protagonizó un cliente remolón que reservó 500 pesetas y no pasó por la oficina para retirar la lotería. “Se presentó la mañana del sorteo, después de conocerse la noticia. Venía blanco, y me preguntó si le había guardado las papeletas”. Aquí las tienes, le dijo Jesús, que a cambio de un billete azul con la cara de Ignacio Zuloaga le entregó las cinco participaciones de 100 que, en aquel momento, valían más de un millón trescientas mil pesetas, equivalentes a 175.000 euros corrientes.

Otra historia con final feliz la protagonizó un cliente que, azorado, le contó a Jesús que había enviado una participación de 25 pesetas a un familiar en Barcelona, y que nunca recibió la carta. “Le dije que si al terminar todos los pagos quedaba esa cantidad pendiente se la pagaría. Y así lo hice”.

Y en medio de la alegría general, Flori Caselles, cuñada de Jesús, decidió regalar sendas papeletas premiadas al Colegio de las Salesianas, donde había estudiado, y al Hogar Residencia San José, que había sufrido un grave incendio ese mismo año.

 

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Otra imagen del pago de los premios en el Banco de Béjar.

La primera comunión de Elo

Entre las premiadas más jóvenes estuvo Elo Soria, que entonces tenía siete años. Su madrina tenía por costumbre regalarle una pequeña participación de lotería cada Navidad, y en 1968 lo hizo compartiendo con ella cinco de las 25 pesetas de su papeleta de Santa Lucía, de la que era asegurada.

Ese duro de lotería se convirtió en 12.500 pesetas (unos 1.800 euros), que la niña recibió como un tesoro, administrado por sus padres. Elo tomó la primera comunión al año siguiente, y aquel dinero sirvió para pagar “una fiesta por todo lo alto”, relata casi medio siglo después.

“El ambiente de alegría que se preparó en Béjar fue tremendo, no se me olvida. Para los niños aquello se tradujo en unos regalos de Reyes como nunca. Y hubo solidaridad con familias que no resultaron premiadas. Fue muy bonito”.

 

La suerte cambió de acera

Una última anécdota, no recogida en el texto orginal de este reportaje, completa la historia: Pedro Hernández también guarda un recuerdo del sorteo. Había comprado varias papeletas para él y sus padres, al tener asegurada su carnicería con Santa Lucía, pero la víspera del sorteo Flori Caselles abrió la puerta de la tienda de la Calle Mayor para ofrecerles algunas más. Pedro decidió comprarlas para tener un detalle con los cocineros del Hotel Colón y, de paso, quedarse algo él. Pero el comerciante de enfrente llamó a voces a la vendedora, quien cruzó la calle y le vendió a este último la lotería que le quedaba. La suerte, en esta ocasión, cambió de acera, aunque los Hernández se llevaron un pellizco, y con las 62.500 pesetas de su participación Pedro compró su primer coche: Un Morris.

 

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Texto publicado originalmente el 23 de diciembre de 2017 en El Día de Salamanca.

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2 Comments
  • Pepa, agustin
    diciembre 18, 2018

    Me ha gustado mucho, recordar lo sucedido ese día en Béjar yo iba con mi hermana en la Serrana M coca, de Salvatierra de Tormes, habíamos estado en casa de mi abuelo que días previos había hecho la matanza, y nos enteramos al llegar a Guijuelo. Y yo le dije a mi hermana pues a nosotros no nos habrá tocado. Mis padres eran del OCASO. Les tocó algo a toda la familia menos a nosotros. Y mi madre cogió en la tienda la participación de una buena clienta, la señora Petra, que había ido a pasar las Navidades con su hija a Madrid. Cuando regreso paso por nuestra tienda y mi madre le dio su participación. Cuando el cobrador de los “muertos “decían entonces, le dejo la participación, no se le ocurrió decirle que le vendiera otra para ella. Cuando se enteró de que había tocado la lotería de Santa Lucía, decía y yo que he cogido la de la Sña Petra y no cogí nada para nosotros.
    Una vez más la suerte llegó para muchos y otros la vimos pasar.

    • Ignacio Coll
      diciembre 18, 2018

      Gracias por tu recuerdo Pepa. Hay muchas pequeñas historias como la que cuentas, cada una con matices distintos.
      En nuestra casa estábamos asegurados con Catalana y tampoco nos tocó. De hecho, fue mi padre el que les buscó el primer agente comercial que tuvieron en Béjar, el señor Torres.
      ¡Un abrazo y felices fiestas, paisana!

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